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Las nuevas tecnologías se están asentando cada vez más entre todo tipo de público. 

Las nuevas tecnologías se están asentando cada vez más entre todo tipo de público. Cada vez es más frecuente que tengamos un smartphone, una tablet, un ordenador o cualquier otro tipo de artilugio tecnológico, al margen de nuestra edad y nuestros conocimientos o nociones sobre el uso de estos sofisticados aparatos. No es raro ver a nuestro entrañable familiar, el que no sabe poner ni el Teletexto, con un móvil de última generación que apenas sabe usar y que nos pregunta cada dos por tres cómo instalar el Whatsapp o cómo poner la cámara para hacerse un selfie de esos que están tan de moda y subirlos al Facebook.

Todos queremos estar a la última, pero… ¿sabemos estar a la última? ¿somos capaces de familiarizarnos con los aparatos que hemos adquirido? No, no todos podemos (o queremos) aprender a hacernos con el perfecto manejo de nuestra gran adquisición tecnológica. Ante esta situación, un ser heroico siempre está ahí cuando el móvil o el ordenador nos van lentos; o cuando el internet no nos va; o cuando nuestros aparatos no funcionan como deben y no tenemos ni pajolera idea de cómo arreglarlos. El “amigo que sabe de”, seguramente, tenga la solución, sea el problema que sea. Todos conocemos a alguien al que se le da bien la informática y las nuevas tecnologías en general. Alguien, además, que al poseer tales conocimientos, parece estar dispuesto a ayudarnos con nuestros problemas tecnológicos, sean los que sean y cuando sea. Hay varias cosas que caracterizan al “amigo que sabe de”:

Está capacitado para solucionar nuestro problema, sea el que sea.

Su disponibilidad es de 24 horas al día y 7 días a la semana. El “amigo que sabe de” debe estar ahí para ayudarnos, le necesitamos.

Estudio, trabajo, familia o vida social. Sea lo que sea, resolver nuestro problema debe ser su máxima prioridad.

Si nos explica cómo hacer algo para que no volvamos a necesitar ayuda ajena, mejor no escucharle. Ya acudiremos a él cuando nos vuelva a surgir el mismo problema, que para eso está.

Nunca acepta, ni aceptaría, ningún tipo de invitación o retribución económica. Con saber que nos ha ayudado, ya ve pagado y compensado todo el tiempo invertido en resolver nuestro problema.

Da igual cuantas veces nos haya ayudado. Si se niega en alguna ocasión porque diga no saber cómo arreglarlo, o porque que tenga cosas más importantes que hacer, o porque directamente no quiera ayudarnos, tenemos que hacerle la cruz. ¿Qué clase de persona es tan vil como para negarse a ayudarnos por enésima vez? Y ya si nos recomienda llevar el aparato a un técnico, que cobra dinero por hacer lo mismo que él nos puede hacer gratis, lo mejor es mandarle a freír espárragos, así de claro.

Desde luego, es maravilloso tener un “amigo que sabe de”, no me lo negaréis. Es como tener un servicio técnico a nuestra disposición a golpe de Whatsapp, sin tener que llamar a una línea gratuita o a un 902 y tener que intentar explicarle a un desconocido qué le pasa a nuestro cachivache. También nos ahorra la ardua tarea de buscar en Google cómo poder resolver nuestra duda. Y lo mejor de todo: es gratis.

Y que ni se nos pase por la imaginación que les podemos molestar. Para nada. A ellos les encanta ayudarnos, que solo recurramos a ellos cuando tengamos problemas con la tecnología. Les encanta. ¿No sería cruel que intentáramos aprender a usar nuestros Samsung Galaxy, nuestros iPad o nuestros portátiles? ¿Para qué quieren saber tanto si después no pueden invertir sus conocimientos en ayudarnos?

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