'Late shift' en el Parlament

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Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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Según las crónicas pasa por ser una maravillosa experiencia para la voluntad del espectador que puede elegir el desarrollo que desea para la trama...

Se acaba de estrenar en Cannes lo último del director Tobias Weber, una película que lleva por título Late Shift y que según las crónicas pasa por ser una maravillosa experiencia para la voluntad del espectador que puede elegir el desarrollo que desea para la trama desde su dispositivo móvil en base a 180 variaciones contenidas en una aplicación para tal fin y que contiene además siete finales distintos. Me pregunto qué habría sido de los espectadores españoles descontentos y defraudados con el desenlace de El Príncipe si hubieran podido disfrutar de esta modalidad tecnológica y así poder salvar de la muerte a Fátima y a nuestro admirado José Coronado, Fran en la ficción de la serie.

Pero a quien podría hacer tremendamente feliz esta posibilidad que plantea Weber en su película no es otro que el president de la Generalitat catalana, el señor Puigdemont que estos días suspira por un final feliz para el culebrón en que se encuentra inmerso para la aprobación de los Presupuestos de su gobierno. Han tropezado Puigdemont y Junqueres con la piedra del pasado más reciente, la elección del primero como President con los votos de la CUP. Y parece que los anticapitalistas están dispuestos a hacer que la coalición independentista de nacionalistas y republicanos tenga que pasar por la “prueba del alce” en su surrealista hoja de ruta.

Dice Puigdemont en su patética suplica al anticapitalismo catalanista que no deben convertirse en destructores del “proceso” y le resulta sorprendente que los anticapitalistas de la CUP no hayan sucumbido a los 850 millones para la erradicación de la pobreza, anteponiendo apriorismos ideológicos que ponen en riesgo el susodicho “proceso” y que les convierte en “dispensadores de caridad” y no en “constructores de respuestas y de dignidad”. Convendría en este punto recordarle al señor Puigdemont y al señor Junqueras que fue precisamente eso, la falta de dignidad en su pacto con la CUP, lo que les llevó a copresidir el gobierno de Cataluña, así que a buenas horas mangas verdes.

Yo le recomendaría al President que contratara al señor Weber, el director de Late Shift, como asesor de la Presidencia, uno más no importa, y le preparara una aplicación como la de la película con al menos esas posibles 180 variaciones del guion y siete finales distintos, uno para cada día de la semana que es lo que según la literatura bíblica tardó Dios en crear el mundo que es sin lugar a dudas una tarea más compleja que la de aprobar unos presupuestos para Cataluña, sobre todo teniendo en cuenta lo que afirma el propio Weber sobre que en su película todos los espectadores participan en la fiesta, es una película democrática que permite recuperar el sueño de dar a la audiencia lo que espera, más o menos la esencia de lo que hemos dado en llamar  la “nueva política”.

Y mientras esto ocurre en Cataluña, en Madrid asistimos al juicio por la ocupación del Patio Maravillas en el que está imputado el concejal de Podemos Madrid, el señor Guillermo Zapata, quien por cierto pasa más tiempo declarando en los juzgados que trabajando por el bienestar de los madrileños de cuyo dinero vive. Ahora Madrid, la confluencia podemista de la capital, parece no mostrarse muy entusiasta en el apoyo al concejal Zapata. De hecho no le han acompañado en esta penúltima cita con la Justicia al tiempo que la alcaldesa Carmena, que no termina de perder la sensatez a pesar de las presiones de bastantes de sus compañeros de gobierno, ha pedido que los “okupas” dejen los centros sociales cuando lo exija la propiedad, posición esta que contrasta radicalmente con la de la alcaldesa de Barcelona, dispuesta a comprar el banco del barrio de Gracia con dinero de todos los barceloneses para contentar a los “okupas” que tanto la quieren y, al parecer, la votan.

Y esta misma tarde, mientras repaso lo más recientes titulares de prensa, no puedo dejar de sorprenderme con el “rusticimo emocional” del diputado autonómico de Podemos en las Cortes de Aragón, el señor Nacho Escartín, quien ha afirmado con toda solemnidad en la sesión parlamentaria que se podría repoblar el mundo rural de Aragón con los refugiados que huyen de la guerra de Siria. Cuanto menos poca sensibilidad para con los refugiados la del señor Escartín condenándoles a vivir donde los naturales del país no quieren hacerlo.

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