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Esta es una reflexión sobre la tartamudez que me afecta desde niño y con la que convivo todos los días de mi vida, ésta es una de las discapacidades que existen, unas de las muchas que son vistas desde el perímetro con falta de empatía: La tartamudez es una patología que te priva de unas de las mayores herramientas que posee el ser humano, la posibilidad de ser entendido con rapidez y sin problemas. Un lastre que por una cuestión de tiempo a la hora de comunicarte, invita a muchos a que solo vean la forma de tus palabras y no su fondo. A que vean en ti inseguridad y titubeo donde solo existe un problema de paciencia en el interlocutor.

Ser tartamudo te desgasta, te absorbe la energía más preciada porque tienes que pensar en otras palabras mientras intentas expresarte para sustituirlas por otras que no te salen, de esta manera tu discurso se diluye irremediablemente y pierde su fondo original debido a este cansino ejercicio, en una pérdida de contundencia en la retórica, en su forma. "Ser tartamudo es tener en tu cabeza una sinfonía maravillosa pero no contar con un violín con todas sus cuerdas".

Existen grados de tartamudez, momentos de tartamudez y sobre todo contextos donde se agrava la tartamudez y por ello no has de juzgar a un tartamudo de forma lineal, esto sería un error, no demandes que sea tan productivo como lo fue ayer porque su expresión de un día para otro puede cambiar. Ser tartamudo es ir a comprar una barra de pan y venirte sin ella, siendo un niño, por no querer pasar vergüenza en la panadería. Ser tartamudo es verte privado de vocaciones profesionales donde la oratoria y el poder de comunicación son claves. ¿Conocen alguna profesión donde no se necesite hablar con fluidez ? Podrían decirme descargar sacos de arena pero: ¿No es injusto verse relegado a algo que no te gusta por una patología?

Ser disfémico es no poder hacer teatro, no tener valor, en tu adolescencia para presentarte a la mujer que consideras que podría ser el amor de tu vida. No aportar tu opinión por muy válida que sea en una asamblea. Es ir a una entrevista de trabajo y observar cómo ni siquiera se plantean tu currículum porque asocian tu patología a otras características que nada tienen que ver con tu personalidad. Es ser un niño sometido a insultos y a burlas. No poder leer un cuento con fluidez a tus hijos o nietos. Es quedarte en casa cuando te quieren invitar a un círculo nuevo de personas donde debes interactuar.

Evidentemente el problema de la tartamudez no es del que habla, es solo del que escucha, por tener falta de paciencia. Pero este mundo es un mundo cronometrado y exigente, donde la competitividad hace que cada vez sobre más gente en el terreno laboral. Por citar un dato y distinguir entre patologías que te excluyen de la vida laboral, la Fundación Española de la Tartamudez dice en un informe que la tasa de paro de los disfémicos es del 80% del mercado laboral en países desarrollados. Todo esto en condiciones normales. No caigáis en la trampa de creer que como existen ayudas para los discapacitados, a la hora de contratarlos, seremos los primeros en ser contratados. Aun con estas ayudas, el 80 %, repito, estamos en paro.

Hay que tener muchas agallas y muchos cojones para ir con la cabeza alta siendo tartamudo, tener carisma siendo tartamudo, ser sociable, ser activo ayudando al ciudadano siendo tartamudo. Esto que escribo no es para que nos reforcéis positivamente, algunos no lo necesitamos, aunque a veces hay altibajos y malas etapas donde el por qué a mí ronda como un fantasma, pero me consta que mucha gente que tiene una discapacidad os necesitan, así que debéis hacer un esfuerzo. Tampoco es una excusa barata para utilizar esta parrafada para instalarnos en zonas de confort y no asumir retos por tener que hacerlos con un lastre enorme. Lo que ves es lo que somos o lo que pudimos ser y tener nuestra conciencia tranquila es nuestro gran logro.

Para terminar quiero explicar el verdadero motivo de esta parrafada, solo diré que tenéis la obligación de empatizar con cualquier persona que no parta con las mismas posibilidades que vosotros, con cualquier niño que tenga una discapacidad que, por ejemplo, no hubiera querido ir a por el pan porque le daba miedo. Un beso a todos esos niños que como yo fueron tartamudos y ahora se comen el mundo, ya sin ansiedad, sin miedos y con el alma tranquila, sabiendo que no hay nada que demostrar ni por supuesto vivir una vida que no mereces, en un sobreesfuerzo inhumano por contentar cuotas productivas de según que personas o modelos de productividad. Hay que salir del armario de los traumas, de los miedos, de las sombras y a las preguntas que maltraten tu serenidad, como: ¿Por qué a mí ? Enterrarlas para siempre y tirarlas al mar, un mar tranquilo y profundo.

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