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Si nos fijamos en aquellos que han aportado o destacado algún tipo de conocimiento o avance para la sociedad, veremos que normalmente suelen traspasar esa barrera que delimita las ciencias y las humanidades. 

Es curioso que en las últimas décadas hayamos promulgado la ciencia como la mejor de las opciones en la que especializarnos. Pero al final corremos el riesgo de morir en la tumba que hemos cavado. La ciencia y la tecnología por sí solas no son suficientes para satisfacer nuestras necesidades humanas. Es fácil relacionar ciencias y  humanidades: se nos presenta un avance tecnológico y con ello problemas fundamentales que atañen a la ética y a las condiciones sociales. Cada vez que reinventamos la sociedad, reinventamos nuestra identidad y nuestra posición en el mundo.

Hay un artículo muy interesante de El País, ¿Eres de letras? La sociedad digital te necesita que explica la relación que existe entre las 'letras' y las 'ciencias', especialmente en esta nueva era tecnológica. Aunque esta relación ha existido desde siempre. Y no ha sido una mera relación de conocidos o amigos, sino de íntimos amantes. Si nos fijamos en aquellos que han aportado o destacado algún tipo de conocimiento o avance para la sociedad, veremos que normalmente suelen traspasar esa barrera que delimita las ciencias y las humanidades. Es común pensar que todos estos personajes eran científicos con un amplio abanico de intereses. Pero realmente lo que ocurría es que utilizaban todas sus habilidades sin dejar de lado ninguna, cosa que a nosotros no se nos ha inculcado. ¿Por qué? Porque hemos nacido en la era de la Revolución Industrial, o para ser menos diplomáticos, en la era del trabajo en serie.

Se nos ha enseñado a compartimentar el conocimiento porque así es más sencillo que nos adaptemos a una cadena de producción. En realidad, los robots sólo mejorarán el trabajo de las élites, aquellos puestos que requieren una alta cualificación.

En la era industrial, el trabajo en serie mejoró la producción, pero no significó una mejora de la calidad en las condiciones laborales. Ni siquiera significó una mejora en el resultado o en la calidad del producto, sino que supuso simplemente un incremento de la cantidad. La entrada de los robots al mercado de trabajo significaría una nueva revolución industrial. Por ende, para aquellos que no estén cualificados, los robots no serán una herramienta de precisión en aras de un mejor resultado, sino un mero sustituto con la finalidad de incrementar o agilizar el rendimiento. Antes hablábamos de trabajo en serie, ahora hablaríamos de un nivel superior de esa misma categoría, donde un robot podría doblar o triplicar el trabajo de una persona no cualificada.

Quizá la propuesta de Bill Gates sobre la implantación de un impuesto para robots nos salve de este desastroso futuro… al menos hasta que se pierda el pudor. Claramente, aquí nos encontramos con problemas sociales y humanísticos que requieren a personas cualificadas que los solucionen.

Nosotros hemos ideado los robots por diferentes motivos, muchos de ellos económicos, sociales… incluso personales. No son una idea exclusivamente científica. Ni tampoco tienen un fin exclusivamente científico. La ciencia siempre ha estado al servicio de la humanidad. Es complicado entonces imaginarse una ciencia sin humanismo. Los robots serán una prueba. Hemos estado dos siglos inmersos en la era de la industria, pero una vez que la ciencia llega a la cúspide deberemos hacer hincapié en nuestro espíritu crítico. Irónicamente hemos querido facilitar nuestra vida mediante la tecnología, pero más que nunca veremos reflejado nuestro criterio en ella. ¿Cómo serán las mentes artificiales que crearemos en el futuro y que decidirán por nosotros en multitud de ámbitos? No precisaremos sólo de algoritmos, precisaremos de todo lo demás.

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