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El Campo del Gibraltar no es solo narcotráfico, delincuencia y miseria. Hay una mayoría de ciudadanos honestos, trabajadores, comprometidos...

De nuevo volvemos a pasar la vergüenza de ser noticia de cabecera en todos los informativos de prensa, televisión y radio. De nuevo, ese pedacito de Andalucía, el Sur de nuestro Sur vuelve a sentir el golpe del desamparo, la incredulidad, la impotencia y la frustración de una población que no puede entender por qué nadie hace nada por evitar la recurrencia de las mismas imágenes. 

El Campo del Gibraltar no es solo narcotráfico, delincuencia y miseria. Hay una mayoría de ciudadanos honestos, trabajadores, comprometidos, cuyo cansancio y hastío con una clase política que no les hace ni puñetero caso ya cobra dimensiones preocupantes. No olvidemos que por este bendito rincón han desfilado todos y cada uno de las ideologías y partidos políticos desde que se instauró la democracia y absolutamente ninguno ha sido capaz de aportar soluciones a corto, medio o largo plazo para una comarca con una inasumible tasa de paro que ronda el 35% de la población activa. 

Y parece un disparate que, tratándose de un lugar fronterizo con Gran Bretaña, y puerta de entrada a Europa desde África, los efectivos policiales sean paupérrimos, irrisorios… nada que ver con lo que podemos encontrar en otras zonas de nuestra geografía y que limitan sus términos municipales con fronteras de otros países. 

Que 20 personas encapuchadas entren como Pedro por su casa en las urgencias de un hospital donde vamos gente normal (y muchas de las veces porque estamos enfermos) y tengamos que ver cómo se llevan a un delincuente escoltado por la policía, como si de una película de acción hollywoodiense se tratara, clama al cielo, sonroja y señala a los poderes públicos que se empeñan en ningunear a esta comarca desde tiempos pretéritos.

"No es menos importante que existe una base social que no ve más remedio que delinquir porque no hay opciones laborales"

Es evidente que se necesita reforzar la seguridad aumentando efectivos policiales y materiales. Pero no es menos importante que existe una base social que no ve más remedio que delinquir porque no hay opciones laborales, o bien ven una forma de hacer “dinero fácil”. Y esto, amigos míos, no se combate con pistola y porra, sino con educación y planes de empleo efectivos, reales y adecuados a la zona en cuestión.

Y como es obvio, con una inyección económica que financia estos programas. Quizás sería un comienzo que se reconociera a La Línea su singularidad como ciudad fronteriza (en un estatus parecido al que tiene Irún, y que tanto ha ayudado al desarrollo económico y social de esa ciudad guipuzcoana).

Lo que es evidente es que la política de “brazos cruzados” ni ha funcionado, ni funciona, ni funcionará. Y ojo, que los narcos se crecen ante el desorden, la inacción gubernamental y la falta de iniciativas. 

¿Se pondrán manos a la obra los altos cargos políticos nacionales? Permítanme ser escéptico. A veces parece que disfrutamos pasando vergüenza.

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