La colonización cultural de Andalucía

Sebastián Chilla.

Sebastián Chilla

Jerez, 1992. Graduado en Historia por la Universidad de Sevilla. Máster de Profesorado en la Universidad de Granada. Periodista. Cuento historias y junto letras en lavozdelsur.es desde 2015. 

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Búsqueda de una historia de Andalucía cercana a la realidad y alejada de los tópicos e intereses creados alrededor de nuestra tierra. 

“Andalucía necesita una dirección espiritual, una orientación política,
 un remedio económico, un plan de cultura y una fuerza que apostole y salve”.

(El ideal andaluz, 1914)
Blas Infante.

Este pasado fin de semana el Alcázar de Jerez acogió unas ponencias sobre la colonización cultural de Andalucía. En las jornadas, organizadas por el Centro de Estudios Históricos de Andalucía (CEHA), se abordaron diferentes problemáticas en torno a la represión de la identidad andaluza, en planos como el lingüístico, el social o el político. Sin duda alguna, la heterogeneidad de los temas expuestos y la profundidad con la que se abordaron dejó un buen sabor de boca a los asistentes que, además, fueron bastante participativos. Como miembro del CEHA tuve el honor de moderar el viernes estas jornadas, un encuentro del que me llevo, además de una gran experiencia, una ambiciosa esperanza: que los estudios vinculados a Andalucía como sujeto histórico continúen dando de qué hablar.

En la jornada del viernes, el nieto de Blas Infante, Estanislao Naranjo Infante, presidente del CEHA y conocido abogado sevillano, habló sobre la persecución normativa de Al-Andalus y su herencia, mientras que José Ruiz Mata vinculó su ponencia en torno a la identidad hibernada de los moriscos. Por su parte, nuestro archivero municipal, Cristóbal Orellana, se ciñó a la represión franquista en Andalucía, y Javier Martín, profesor de Lingüística Inglesa en la Hispalense, a la discriminación lingüística del habla andaluza. El sábado, además, contamos con la presencia de Rafael Sanmartín que expuso sobre los olvidos de la transición española así como con José Francisco Marín, que charló sobre la desculturalización de la emigración andaluza, especialmente en Cataluña. Por su parte, los dos últimos ponentes, Manuel Moguer y Rubén Pérez Trujillano, hablaron de la imagen de Andalucía en los poetas del siglo XX y nuestro papel en las constituciones contemporáneas, respectivamente. Todos los temas que se abordaron en estas jornadas que nuestra ciudad recibió tenían un denominador común: la búsqueda de una historia de Andalucía cercana a la realidad y alejada de los tópicos e intereses creados alrededor de nuestra tierra. Es por ello que los ponentes no pusieron reparos a la hora de hablar sobre cada una de las problemáticas existentes.

De esta forma, entendemos la colonización cultural de Andalucía como un proceso histórico en el que se desposee al pueblo andaluz de sus rasgos identitarios en pos de unas imposiciones culturales. Una vez dicho esto, sólo mediante el fomento y el estudio de nuestra historia podemos deconstruir y desalienarnos de los prejuicios y tabúes que tradicionalmente se nos vinculan. Un proceso que va de lleno a la búsqueda y encuentro de nuestras raíces pero que, al mismo tiempo, debe salvaguardar el humanismo como fin del proceso de reivindicación identitaria. En mi opinión, el estudio de la historia de Andalucía nos acerca a una serie de paradigmas y contradicciones que debemos afrontar con crudeza; es un nado a contracorriente en el que debemos intentar ir todos a una y en el que, sin embargo, tenemos que ser cautos por la complejidad y magnitud del proyecto. Frente a este reto, yo me decanto por impulsar la investigación en historia social y cultural con estudios multidisciplinares que tengan en cuenta especialmente a la antropología como motor. Abordar la situación investigando y dando a conocer la realidad del pueblo andaluz de ayer y de hoy.

Es imprescindible que desmontemos algunos de los relatos que nos han impuesto para que, por ejemplo, algún día los andaluces y las andaluzas dejen de percibir ese molesto contraste entre cada una de las formas de su habla y el oficialismo que la mayoría de los medios audiovisuales nos exigen. Para que por fin en nuestras escuelas y universidades dejen de adoctrinarnos con el particular relato historicista cristiano, aquel que heredamos de la visión de España casi como unidad de destino en lo universal. O para que, le pese a quien le pese, lo asociado con Andalucía sea concebido como andaluz y no sólo como español. En líneas generales, para tomar conciencia de cuántas ideas, proyectos, tradiciones o símbolos han sido desarraigados del conjunto de Andalucía sin ningún tipo de reparos. Nos merecemos que, sin complejos, el pueblo andaluz vaya al encuentro de su emancipación cultural, de un proyecto común, humano, social, colectivo e internacionalista. Y a este respecto, hay que decir que iniciativas y encuentros como el que el Centro de Estudios Históricos de Andalucía ha organizado en Jerez, contribuyen a este fin. Citando a otro andaluz, hacen camino al andar. 

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