Los ganadores de la segunda edición.
Los ganadores de la segunda edición.

Siempre me he sentido muy identificado con una escena de The Office. En el capítulo en el que Micheal Scott se pluriemplea, comenta con sus nuevos compañeros el gran cambio entre la Jungla de Cristal 1 y la 4. Mientras que en la primera Bruce Willis es un tipo normal que sufre y se arrastra por conductos de ventilación, en la cuatro derriba un helicóptero desde un coche. 

Pues bien, siempre he pensado lo mismo de muchas secuelas, en especial de Rocky. Las secuelas de la saga no hacen justicia al concepto original de la película, un boxeador pobre y mediocre al que enmarronan contra el campeón de los pesos pesados y entrena a muerte con lo que tiene a mano, pero no para ganar, sino para no quedar en evidencia.

Y por ello al final, aunque no gane, celebra que no ha sido noqueado como si hubiera ganado. Mi historia de estos días coincide con ese concepto. Nos hicieron el lío para que nos apuntáramos al II Desafío Cata a Ciegas, organizado por la Sociedad Jerezana del Vino y el Consejo Regulador. Ha sido de las pocas actividades de la Fiesta de la Vendimia que no se han suspendido porque el formato por turnos ha permitido cumplir con las medidas de seguridad.

Pues bien, nuestro equipo estaba conformado por un profesor, una bioquímica y un servidor, economista. Siendo meros aficionados que poco teníamos que hacer contra sumilleres y enólogos, mi bioquímica y yo decidimos echarle valor al asunto y entrenar las dos semanas antes del gran día. Nuestro objetivo era claro, pasar a la final. Ya no solo por no quedar en evidencia, sino para probar el doble de vinos. Durante esas dos semanas estuvimos probando todo lo que teníamos al alcance.

Dia sí día no, íbamos a Plateros, hasta que al final le dimos el repaso entero a la carta. El día que nos quedábamos en casa, echábamos mano de lo que había por aquí. Siendo todo botellas de González Byass, algunas compradas en la cuarentena y mal utilizadas para cocinar, teníamos: Tío Pepe en Rama, Alfonso y Néctar. Aprovechamos para visitar también la terraza del nuevo hotel de González Byass y pedir una copa cara con la entrada, por si diera la casualidad de que cayera el Apóstoles. 

El entrenamiento causó algo de expectación entre nuestros amigos, de los cuales uno incluso se inventó un cántico para animar al equipo antes de la primera prueba. Llegado el momento, el esfuerzo dio su fruto. Creo que solo supimos identificar uno de los 7 vinos, el dos cortados. Sin embargo, supimos diferenciar el fino de la manzanilla, y diferenciar también entre oloroso, amontillado y palo cortado. Estuvimos a punto de acertar el Pedro Ximénez, que era el Néctar, pero en el último momento lo cambiamos por inseguridad. Después de entregar los resultados, cuando ya se me había calentado la manzanilla, la identifiqué correctamente como Papirusa de Lustau, pero fría me despistó por completo. A pesar de estos fallos, pasamos el corte y fuimos a la final. Había un múltiple empate a puntos, que quedó resuelto a nuestro favor por haber entregado resultados en un menor tiempo. Así, es como nuestro equipo se convirtió en uno de los 14 de 32 en pasar a la final, que sería a la mañana siguiente.

Para nuestra satisfacción, habíamos quedado por encima de bastantes sumilleres, que por supuesto no pasaron de ronda. Llegada la final ya nos sentíamos realizados, así que el espíritu no era otro que “hemos venido a emborracharnos, y el resultado nos da igual”. Esta vez la diferencia entre los tres oxidativos era más difícil. Aparte se nos metieron también como tres mosquitas en el vino. Aun así, adivinamos el Tierras de Cádiz. De los 12 equipos que nos presentamos a la final, quedamos los décimos con 44 puntos, a tan solo 9 puntos del tercer premio, cuyo equipo lo consiguió con 53. Estuvimos a punto de adivinar que el Pedro Ximénez era el de Tradición, pero no hice caso a mi bioquímica. De todas formas, eso no nos hubiera arreglado mucho, así que fue como cuando sacas un 2 en un examen, suspendes, pero con buen sabor de boca.

Además, el 10 de 32 no está nada mal. Fue una derrota que nos supo a victoria, sobre todo por el buen rato que pasamos antes, durante y después del desafío. Nos alegramos mucho por la Sacristía del Caminante, que consiguió el primer premio. Era algo que estaba más que merecido por su esfuerzo y dedicación. Aparte, el trato que tuvimos con ellos fue muy agradable, un placer conocerlos mejor. Nos queda ahora un año entero por delante para seguir entrenando e intentar conseguir el tercer puesto, pero siempre con moderación.

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