Una mujer, durante una huelga feminista.
Una mujer, durante una huelga feminista.

En el año 411 antes de Cristo ya se representó una hipotética huelga de mujeres en Atenas. En este caso fue sólo una actuación teatral, una comedia de Aristófenes: Lisístrata. En la obra se plantea que las féminas, hartas de guerras causadas por rencillas entre hombres, se ponen todas de acuerdo e inician un paro sexual, fruto del cual se interrumpe el conflicto bélico y se consigue la paz. El trasfondo del argumento es presentar la superioridad moral femenina y la bajeza ética de los varones. En base a esos mismos planteamientos mucha gente pensaba, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, que cuando las mujeres llegasen al poder y fuesen jefas del ejecutivo en sus respectivos países se acabaría la violencia en el mundo. Pero pudimos ver algunos paradigmas, como el de la Dama de Hierro en el Reino  Unido, en que esas dignatarias imitaban el mismo esquema mental de los hombres y copiaban con excelente maestría su inhumanidad.

Ahora, aprovechando el próximo día internacional de la mujer, el 8 de marzo, pasamos de la ficción a la realidad. En esa conmemoración se plantea una auténtica huelga promovida principalmente por colectivos feministas. La movilización está convocada en más de una cincuentena de países y se concibe en cuatro frentes. El primero es un boicot al consumo de productos gravados con la tasa rosa, es decir artículos similares a los que adquieren los hombres pero que son más caros cuando van dirigidos específicamente a las mujeres —como las cuchillas de afeitar—. El segundo es una huelga estudiantil con acciones reivindicativas e informativas en la enseñanza, especialmente en los campus universitarios. El tercero es una huelga de acompañamiento, por la que las mujeres dejen durante unas horas de ser las responsables del cuidado de los familiares a su cargo. En ese último caso, sólo será efectiva si se logra el apoyo de los hombres para sustituirlas.

Esta iniciativa no se puede ejecutar sólo con buenos propósitos en situaciones de custodia exclusiva, salvo que se transfiera esa custodia judicialmente por unas horas al otro cónyuge, pues, de no ser así,  se incurriría en responsabilidades. Hoy día, si uno se acerca a un colegio infantil, se observa con gran alegría cómo muchos padres y abuelos llevan y recoger a sus hijos y nietos del colegio y se hacen completamente responsables de ellos, y este porcentaje se va a aproximando poco a poco, cada vez más, al de las mujeres que hacen lo mismo. Esto era algo impensable en la sociedad machista de hace unos años. Incluso conozco algunos casos, pocos por cierto, en el que el hombre se hizo cargo completamente del cuidado de sus hijos porque su pareja renunció a ello y prefirió vivir una vida sin ataduras.

El cuarto frente es una huelga en las empresas. Aquí hay discrepancias entre los sindicatos. Mientras UGT y CCOO sólo convocan unas simbólicas dos horas de paro en los respectivos turnos de trabajo, CNT y CGT emplazan a efectuar un paro productivo  de 24 horas. La demanda principal reivindicada es una equiparación salarial real para ambos sexos. A igual trabajo igual salario. Aunque formalmente estén prohibidas legalmente las discriminaciones salariales, existe una profunda  brecha salarial entre ambos géneros. Ese agravio se produce principalmente por cuatro motivos. En primer lugar, los hombres suelen realizar y cobrar más horas extras. En segundo lugar, la precariedad laboral es mayor entre las mujeres, que realizan jornadas más cortas o trabajan a tiempo parcial. En tercer lugar, muchas empresas tienden a conceder complementos salariales a los varones que no son concedidos a las mujeres por la misma actividad. Por último, se priman los ascensos de los hombres, incluso en los niveles más básicos. Este caso se produce frecuentemente en el sector hostelero.

Así, se concede la categoría laboral de camareros mayoritariamente a los hombres, relegando a la categoría de ayudante de camarero, peor retribuida, a las mujeres, aún haciendo los mismos cometidos. A todo esto hay que añadir que el acceso al trabajo por parte de las mujeres se ha producido tardíamente en este país y, por tanto, han tenido más dificultad en escalar a los puestos directivos de las empresas. Las que lo han conseguido han sido unas pioneras, solas en un mundo de hombres. Curiosamente la incorporación masiva de las féminas al trabajo, dentro del seno familiar, se ha originado en las diferentes épocas de crisis económicas, como consecuencia de tener al marido parado y ante la acuciante necesidad de obtener alguna fuente de ingresos en el hogar. Sin ir más lejos, cuando se produjo el cierre de Delphi, lo primero que realizaron la mayoría de las esposas de estos operarios fue apuntarse a la oficina de empleo para buscar un trabajo.

Lo peor de esta huelga es que las empresas que no contratan a ninguna empleada y son acusadas de machistas no sufrirán el efecto directo de estas movilizaciones. Ejemplo de ello son las empresas de estiba de Algeciras que no emplean a ninguna estibadora. ¿Qué pensarán los directivos de éstas compañías cuando vean que esta huelga no va con ellos?

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