Los hombres no estaremos

Hombres jugando al dominó
25 de enero de 2026 a las 19:33h

El artículo de Cristina Fallarás publicado en Público bajo el título «Los hombres no estarán con nosotras en la lucha que viene» ha provocado incomodidad, enfado y una cascada de críticas entre algunos hombres que se dicen comprometidos con la igualdad. No es difícil entender por qué: pocas cosas molestan tanto como verse reflejado sin filtros en un espejo incómodo.

Fallarás sostiene algo tan simple como devastador: cuando la ultraderecha alcance el poder en España, como ya ha ocurrido en otros países, lo primero que caerán serán los derechos de igualdad conquistados por las mujeres. Y añade algo aún más hiriente para muchos: los hombres, como hasta ahora, no estaremos a su lado

Tras siglos de discriminación, violencia, humillaciones, burlas y vejaciones ejercidas por los hombres y por la sociedad que hemos construido, esta afirmación no debería sorprendernos. Sin embargo, ha despertado recelos en esa minoría de hombres agrupados en torno al llamado movimiento de hombres por la igualdad, un espacio que sigue plagado de grietas por las que se cuela el machismo con toda su persistente pestilencia.

Tenemos la piel fina. Especialmente cuando la crítica viene de una mujer. Algunos de estos hombres admiten que Fallarás tiene razón en el fondo, pero cuestionan las formas: el tono, el enfoque, la dureza del reproche. Como si, después de siglos de opresión, el problema fuera el volumen de la denuncia y no la realidad que la provoca.

Yo formo parte de ese movimiento —si es que merece tal nombre— y creo justo lo contrario. El texto de Cristina Fallarás es generoso. Incluso demasiado. Su reproche es lo mínimo, lo mínimo, mínimo, mínimo, que nos merecemos. Y aun así nos parece excesivo.

Porque seamos honestos: a los hombres, en general, el feminismo, los derechos de las mujeres y la igualdad no nos importan. No están en nuestras prioridades. No lo han estado nunca y no hay demasiados indicios de que vayan a estarlo. Y no hablo solo de los hombres abiertamente reaccionarios; hablo de los hombres en general.

Por eso, mujeres y defensoras de la igualdad, conviene decirlo con claridad: esta lucha, que nunca debió ser solo vuestra, tendréis que seguir librándola prácticamente en soledad. De nosotros podéis esperar, en el mejor de los casos, indiferencia y silencios; en el peor, zancadillas, empujones y caricaturas de apoyo.

Sé que me acusarán de fundamentalista y dogmático, y me duele escribirlo como ser humano y como hombre. Aun así, no conozco una postura más digna que la honradez.