Historias de una generación, vol. II

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Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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“Parece que todo el mundo piensa que me espera un gran futuro, pero yo no lo veo por ninguna parte”.

Escribí esto hace unos meses y se aplica perfectamente al sentimiento de toda una generación: la mía. A mi alrededor veo repetirse una y otra vez los mismos patrones: los errores, los abandonos, las desganas, las depresiones. Porque somos una generación continuamente deprimida.

Puede parecer una afirmación exagerada. Dejen que les explique una cosa. Puede que no lo vean; puede que nos vean como los integrantes de una generación consentida, mimada, la mayoría de los cuales hemos podido estudiar lo que hemos querido, una generación que no se esfuerza, que no trabaja lo suficiente y que está malcriada. Puede que nos vean como la generación que ha tenido todas las oportunidades y no las ha sabido aprovechar.

Pues dejen que se lo desmienta. Yo también pensaba eso mismo hasta hace poco, pese a que la tónica general entre mis amigos es más de SiSis (los que estudian y trabajan, con mucho esfuerzo) que de NiNis. Sin embargo, me he ido dando cuenta a golpes de que no es así, al menos en la mayoría de los casos. A golpes de ver a varios de mis amigos más cercanos comidos por depresiones.

No se trata de casos aislados. Hace unas semanas hablaba de ello con una amiga (que también sufrió depresión en su día) y coincidía conmigo; también a su alrededor lo veía continuamente. Siempre son los mismos casos: el darse cuenta de que se ha elegido el camino equivocado, o el trabajar duramente por algo y no conseguirlo nunca. O simplemente una profunda brecha que se abre sin motivo aparente. Luego vienen la desgana, la desmotivación, la tristeza, la náusea.

Pueden decirme que depresiones ha habido siempre. Les diré que por supuesto. También pueden decirme que ahora la psicología es un tema menos tabú, que ahora es más normal acudir al psicólogo y es más común reconocer que se tiene un problema. También les diré que por supuesto. Sin embargo, yo hablo de lo que veo, y lo que veo es una creciente tristeza y una profunda desgana ante lo que está por venir. Y somos muy jóvenes para eso.

Cada generación tiene lo suyo y no seré yo quien diga que la nuestra es mejor que las anteriores, ni mucho menos. Pero quizá es que nos han metido en la cabeza desde muy pequeños que íbamos a ser la generación mejor preparada hasta entonces: idiomas, Internet... Que íbamos a tener muchas oportunidades y que no las podíamos desaprovechar, que teníamos que trabajar muy duro y entonces llegaría el éxito. Nadie nos dijo que el trabajo duro no siempre garantiza la consecución de tus objetivos. Tal vez la culpa de todo la tenga Hollywood; quién sabe.

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