Artículo de opinión escrito por Pablo Cabello, titulado 'Qué hacen los ricos con su dinero'.
Artículo de opinión escrito por Pablo Cabello, titulado 'Qué hacen los ricos con su dinero'.

Durante las últimas semanas, vaya a donde vaya siempre se acaba hablando del mismo tema: los NFT. La primera vez tuve que pedir que me explicaran dos veces y muy lentito de que iba el asunto, ya que no daba crédito a lo que estaba oyendo. NFT son las siglas en inglés de Token No Fungible, lo que viene a ser cualquier tipo de archivo (imagen, vídeo, audio…), solo que sobre estos existe el equivalente a un registro de la propiedad donde viene recogido quién posee el archivo original. Si bien cualquier persona podría hacer una captura de pantalla o simplemente copiar el archivo sin consecuencias, hay quien absurdamente está dispuesto a pagar miles de dólares e incluso algún que otro millón para que conste que posee el original.

El ejemplo más sonado puede ser el de los monos mutantes. Son retratos de monos con distintos atributos que crea un ordenador según patrones aleatorios. Mientras más rara sea la combinación y más raro sea el mono, más valor tiene. La idea es utilizarlos como foto de perfil en redes o fondo de pantalla. No son nada del otro mundo, cualquier diseñador gráfico podría hacerte un avatar mil veces mejor, sin embargo, no valdría cientos de miles de dólares. Es fácil darse cuenta de que esto no es una cuestión estética, sino más bien una nueva forma de ostentación. El mono puede ser más o menos gracioso, pero lo importante es demostrar que no te pica gastarte 600.000 dólares en ser el dueño del original. Como quien pasa casualmente por un escaparate, ve algo gracioso y barato y lo compra en un momento, solo que pagando con criptomonedas como Ethereum.

Visto el panorama es imposible no pensar en la estupidez humana, y en concreto en la estupidez de los millonarios. Cada día acumulan mayor riqueza, aumentando la desigualdad con las rentas medias y bajas. Poseen tal cantidad de dinero que ya no saben en que más lo pueden gastar. Lo único que parecen tener claro es en qué no quieren gastar su fortuna, como por ejemplo pagar impuestos, ofrecer sueldos dignos… ¿Para qué pagarles un salario europeo a tus niños de Bangladesh pudiendo comprarte un rascacielos dorado en otro país? Y si hay que invertir, que sea siempre en especular con criptomonedas, a nadie le interesa ya eso de abrir una fábrica para obtener una rentabilidad segura y de paso crear puestos de empleo. Nunca entenderé cómo los que precisamente pueden permitirse ayudar al resto son los más mezquinos.

De vez en cuando me consuela pensar en la maldición de la tercera generación. Pasada la revolución industrial se dio el siguiente fenómeno. Los nietos de esos grandes empresarios que triunfaron con sus negocios no eran capaces de continuar con ellos, por lo que no les quedaba otra que vender, para luego poco a poco pulirse su fortuna. A todo clan familiar de millonarios le llega la hora. Luego están los pequeños ricos que ha creado internet, pero tengo la sensación de que su estela será todavía más fugaz ya que no parece que se sepan gestionar. Al fin y al cabo, toda esa riqueza acabará yendo a parar a un gran fondo de inversión. Ahora debemos preguntarnos, ¿Qué pasará cuando lleguemos a la concentración absoluta? ¿Y cuándo no se pueda crecer más? ¿Vuelta a empezar?

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