Un pasado encuentro de Hombres por la Igualdad en Jerez. FOTO: MIGUEL MONTEOLIVA S.
Un pasado encuentro de Hombres por la Igualdad en Jerez. FOTO: MIGUEL MONTEOLIVA S.

Entre la treintena de asistentes a unas jornadas formativas sobre Igualdad, en las que iba a presentar el Grupo de Hombres al que pertenezco, había dos hombres.

Nuestro grupo surge del convencimiento de la obligación que los hombres tenemos de implicarnos en este proceso de cambio, no de una manera formal con el simple posicionamiento público, en actos y minutos silencio de repulsa ante los asesinatos de mujeres, que desgraciadamente se han convertido en algo protocolario, y a los que asistimos sin pensar en los motivos, por la facilidad con que el patriarcado naturaliza y normaliza todo lo que le conviene, sino con el compromiso activo y cotidiano de incorporar la tarea de la igualdad a nuestras vidas y a todas las manifestaciones y expresiones de la misma.

Porque solo con el cambio de los hombres hacía nuevos escenarios de masculinidad será posible la igualdad por las que tantas mujeres, desde siglos atrás llevan luchando, reivindicando, siendo vejadas, maltratadas, y asesinadas, por el hecho de serlo, y tener el valor de reclamar cuestiones tan básicas y elementales, como el derecho a una educación en igualdad, o el derecho al voto.

Sin este cambio de los hombres, la igualdad llegará, pero lo hará de una manera más lenta y dolorosa para las mujeres. Está en nuestras manos evitar el sufrimiento a quienes decimos querer y admirar, y comenzar a contribuir y aportar valor a su lucha, porque un día comprenderemos que también es la nuestra.

Los grupos de hombres son espacios de reflexión, donde nos reunimos a hablar de asuntos de los que no solemos hacerlo entre nosotros, porqué el patriarcado y el machismo nos dicen que hay cuestiones que no debemos exteriorizar, porque ser hombre nos es compatible con airear tus emociones, dudas, miedos, debilidades, deseos, afectos, y nos da miedo y mucho pudor hablarlo, romper el pacto de masculinidad, sembrar dudas en torno a nuestra hombría, y alterar las reglas de pertenencia a un club, que solo admite a machos de verdad.

Un grupo de hombres no es un sitio de teorización ni de cátedra, y sí un lugar para la puesta en común, el enriquecimiento y crecimiento como personas, con las aportaciones de los demás. Comprender que no existen solo dos mundos, el masculino y el femenino, que la realidad es y puede ser muy diversa, y que cuestionar nuestra masculinidad lejos de hacernos sentir mal, nos ofrece nuevos ámbitos para la libertad personal y la felicidad.

En los grupos no existen jerarquías, ni organización formal, en el nuestro nos reunimos una vez al mes, y en cada reunión un compañero propone el tema sobre el que reflexionar, paternidad, igualdad, prostitución, sexualidad, emociones, solo está prohibido hablar de aquellas cuestiones para las que el patriarcado nos ha educado y autorizado si queremos ser un hombre, mujeres, futbol y política.

Armonizar los distintos posicionamientos personales, y dar cohesión al grupo, son matices a tener en cuenta, pues no todos partimos del mismo lugar, ni tenemos igual sensibilidad ante las causas de la igualdad, porque algunos aun ni tan siquiera vemos la desigualdad, y hasta cuestionamos al feminismo, y la existencia real de tanto machismo. Definir el funcionamiento, sus objetivos, las facetas, sí limitarse al cambio personal, o exteriorizar y visibilizar el grupo, son aspectos importantes que inciden en su funcionamiento.

El grupo de hombres acelera nuestro cambio y nos acerca a posiciones favorables a la igualdad, y esta transformación, es su gran aportación, porque este proceso influirá en nuestra manera de pensar, ver y entender el mundo, en la forma de relacionarnos con los demás, la familia, los amigos, las mujeres. Reflexionar nos abre los ojos a nuevas visiones de una realidad, y a la necesidad de una sociedad más justa.

Incentivarlo, mantenerlo activo, ser creativo, es una de las tareas que incumbe a sus promotores. El grupo de hombres es solo un paso en un largo camino, un compromiso que hemos de asumir los hombres ya.

Porque es necesario nuestro cambio, y son imprescindibles nuevos modelos de hombre, donde la violencia no sea su gen principal. Dejar de educar en lo violento es básico para construir un mundo más equitativo y respetuoso. No podemos seguir construyendo jóvenes y hombres que crean que las mujeres les pertenecen, y que la ley del más fuerte es el principal valor a ponderar en el concurso de méritos del prestigio y el reconocimiento social. Pertenecer a un grupo de hombres por la igualdad, es dar un paso en la dirección adecuada, ir a contracorriente, romper con las reglas y mandatos de la masculinidad, arriesgarse a la mofa y a la incomprensión, hablar de lo que no debemos hablar, comprometerse con uno mismo y con la verdad, y es sobretodo comenzar a devolver la gran deuda de sororidad que tenemos con las mujeres, y la igualdad.

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