Un fragmento de la película 'Adivina quién viene esta noche'.
Un fragmento de la película 'Adivina quién viene esta noche'.

"Las furias del infierno andan sueltas". Debía yo de tener unos siete años la primera vez que escuché esta frase. Confieso que entonces no la entendí muy bien, y ahora creo estar segura de que he tardado casi treinta años en comprenderla del todo. Han tenido que pasar muchas cosas: guerras, terrorismo, fascismos varios, injusticias aplaudidas, vandalismo, maltrato animal, borrascas demenciales, pandemias mundiales… pero hasta ahora no he sabido a qué se refería la adorable Isabel Sanford —metida en la piel de Tillie Binks— cuando pronunció esas palabras. Tillie, uno de los inolvidables personajes de la película estadounidense Guess Who's Coming to DinnerAdivina quién viene a cenar, en España—, se revelaba contra lo que consideraba una confabulación diabólica que amenazaba toda cordura. La maravillosa cinta de 1967 recreaba, como saben, el conflicto racial que se vivía en aquellos años personificándolo en los núcleos familiares de una pareja de chica blanca y hombre negro. La estupefacción se apodera de todos los comensales cuando la chica bien presenta a su prometido: un médico viudo y negro. La más contrariada de la casa parece ser, paradójicamente, el ama de llaves (Tillie), también negra. Para ella, definitivamente, aquello rebasa los límites de lo admisible y era prueba inequívoca de que las furias del infierno andaban sueltas.

Estos días yo también he tenido esa sensación. Son varios los acontecimientos —sin contar hecatombes sanitarias ni reyes ladrones— que me han hecho llegar a esta conclusión. La casa donde trabajaba Tillie estaba en San Francisco, así que bien podría haber sido The Englander House, una vivienda de casi 500 metros cuadrados y estilo victoriano en la misma ciudad que ha protagonizado un momento viral. Esta edificación era trasladada a siete manzanas de su ubicación original transportada sobre una plataforma hidráulica con ruedas. El motivo, se preguntarán: el capricho del comprador. 

Por si no hubiera ya suficientes furias sueltas, tenemos también féretros que se precipitan al mar. Ha ocurrido en Camogli, Italia. Una parte de un cementerio situado en un acantilado se ha derrumbado a causa de un corrimiento de tierras. Las consecuencias han sido nichos hundidos decenas de metros hasta las rocas de la orilla y numerosos ataúdes teniendo que ser rescatados de las aguas del mar.

Ya tenemos el infierno casi desatado por completo, como habrán comprobado, pero aún hay más. Resulta que estos días también han llegado a nuestros móviles imágenes sobre un fenómeno mal llamado Hunter’s moon (luna del cazador), al que se atribuía la presencia de dos soles en la frontera entre Estados Unidos y Canadá. Cuando vi la foto tengo que confesarles que me autoconvencí del todo del inminente fin del mundo. Algo en lo que ya me habían hecho pensar la casa rodante del snob de turno y el cementerio que hace descenso de aguas saladas. Al menos, este fenómeno, el de los soles, parece tener una explicación científica relacionada con un efecto óptico que se produce cuando hay una gran cantidad de partículas de hielo en un determinado tipo de nubes. Aunque yo sigo pensando en las furias del infierno y su crudeza. Creo que, teniendo en cuenta la que nos está cayendo, la explicación de la señorita Binks me parece bastante más certera.  

 

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