Vista desde la terraza.
Vista desde la terraza.

Desde el año 2016 vivo en la tercera planta de un edificio; desde sus ventanas se puede ver una ruidosa rotonda por la cual transitan diariamente 40.000 vehículos, allí se alza una imagen desagradable de un cuerpo humano sin terminar, o más bien las partes de un cuerpo cortado. En la calle principal denominada plaza (no se bien por qué), se sitúa mi bloque que confluye en ella.

La rotonda tiene nombre de monstruo mitológico, pero a pesar de la afición y la cultura taurina que se destaca en la zona y donde también se crían toros de lidia, resulta inexplicable que el monstruo que la preside, carezca de cabeza y cuernos. El monstruo que le da nombre a la misma es de origen griego y el artista creador de la talla no respetó su realidad, pues la cabeza del toro se la pasó por el forro. En la madrugada, en verano con el aire acondicionado y la doble ventana, intento conciliar el sueño; desvelada y con ligera claustrofobia, necesito abrir… eso me tranquiliza pese al olor a combustible. El estruendo que emiten los rugidos de las motos, y parte del tráfico habitual disminuye, aunque no todo lo necesario para poder conciliar el sueño, si me permite escuchar voces de jóvenes que vuelven del botellón, o de las formas variadas que hay de pasar la noche; también se aprecian visiblemente algunos perros de los dueños trasnochadores.

Los fines de semana también se oye la voz de una mujer extraña, que no cesa de pedir un cigarrito cada vez que observa algún mortal… Yo trato de escribir algo, pues la musa me acompaña en estas vigilias, aunque la suelo mandar de nuevo a dormir; me desvela aún más, me altera los nervios, me aumenta esa rosácea en el rostro con la que lucho por diversas circunstancias desde hace meses… La musa “esta”, me pregunta de continuo, que por qué no me largo de allí… Sabe que mi vida ha sido un continuo movimiento de almohadas. Algunas voluntariamente, otras sometida…

Bueno, ahora tengo otros problemas que su imaginación no alcanza a entender, y le pido que averigüe algo, pues yo no encuentro explicación de lo que ocurre realmente. He decidido colocar las piezas de lo que acontece en un puzle, ella me tendrá que ayudar. Colocando las piezas, observo que estoy secuestrada y que existe cierta similitud entre las partes que le faltan al cuerpo del monstruo, y las que se van deteriorando en mi cuerpo de mortal; coinciden. Presiono a mi musa eso sí, le reitero a menudo que realice sus pesquisas, que se involucre de una forma más personal, le digo con malicia que como puede ver, a este monstruo le falta ¡la cabeza!, le insinúo que es la parte donde “ella está”.

Mi presentimiento y mi intuición ante la escena formada en el puzle, empiezan a cobrar sentido y saco conjeturas como si se tratara de desenrollar un ovillo. El artista de esta plaza pudiera ser víctima de una reencarnación mitológica, mitad Dédalo y mitad Minos, con ciertas mutaciones. Dédalos pudiera ser el culpable del caos de esta plaza y del laberinto en el que está el Monstruo ahora; el caos que a veces se organiza, es un ovillo lleno de nudos. Minos parcialmente reencarnado en el artista, seguramente no quiso que el monstruo tuviera cabeza, así no se evidenciara la infidelidad de su esposa Pasifae con El toro de Creta (padre del monstruo mitológico).

El monstruo sabiendo mal tratada su imagen, se venga seguramente, invierte su cautividad en libertad, a través de jugar a introducirse en las realidades de los vecinos de esta plaza, involucra sus carencias en la salud de la gente, es vampiro, e inocula una droga que se inhala al respirar el aire que entra por las ventanas. Nos hace adictos. Pese a ser un laberinto mitológico, la mezcla de todo puede que tenga como resultado, un poderoso efecto sobre los mortales que habitamos por encima de él y se haya convertido en realidad visible, audible, e irrespirable, con venganzas y represalias del que preside y domina las calles de la rotonda que lleva su nombre; puede ser que no haya manera de salir del laberinto, y del caos, hasta que Teseo se reencarne en algún responsable concejal, y destruya al monstruo y sus consecuencias. Puede que en mí esté reencarnada Ariadna y por eso me involucro tanto en terminar con esto, (al final siempre todo queda en familia). Seguramente alguien como Dionisio no me abandone, me salve y me lleve al fin a la tranquilidad del Olimpo. Yo no soy cretina, intento desenrollar un ovillo que tengo en mis manos. Yo solo escribo lo que la musa al fin me dicta. 

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