Asientos precintados en la Fundación Caballero Bonald, en una imagen reciente.
Asientos precintados en la Fundación Caballero Bonald, en una imagen reciente. MANU GARCÍA

Un grupo de expertos y expertas en salud púbica han lanzado una propuesta de evaluación de la gestión de la pandemia en España cargada de rigor, sensatez, oportunidad y buen juicio. La iniciativa ha sido publicada mediante dos cartas en la prestigiosa revista The Lancet y supone una   propuesta ejemplar de lo que debe ser la interacción entre ciencia y democracia que tan necesaria es en los tiempos del cambio climático y la postverdad. Pero la iniciativa no está exenta de problemas y tentaciones  que ya se han manifestado en los mismos textos de los artículos y en las intervenciones mediática de alguno de los expertos firmantes. En evitar estas tentaciones reside en parte el éxito de esta iniciativa al menos como modelo a replicar en el futuro.

(I) La tentación de la neutralidad que no es los mismo que la independencia

La ciencia no puede ser neutral en la dialéctica entre la verdad y la mentira (es este territorio de batalla su patria original) y es por eso que debe ser independiente de los intereses de las partes. Intereses y verdad son incompatibles pues la forma de la verdad que es la universalidad queda irremisiblemente dañada en el conflicto de intereses. Atrapados entre el simplismo y la inmediatez que imponen los medios de comunicación algunos expertos en salud púbica se aventuran a emitir evaluaciones de la  evolución de la pandemia en España tan groseros que  difícilmente van a contribuir a un debate ciudadano riguroso y sereno, como ellos mismos reivindican. Por ejemplo se afirma que lo que está ocurriendo en este otoño es debido a que la desescalada ha sido demasiada rápida. Pero es evidente que esto no es cierto para gran parte del territorio español. Canarias y Andalucía acumulaban pequeños excesos de mortalidad al final del estado de alarma similares (Andalucía 6%) o inferiores (Canarias 2%) a países como Portugal que han sido vistos como exitosos en la lucha contra la pandemia. Por el contrario, Madrid y gran parte de su área geográfica de influencia no reunían las más mínimas condiciones para la desescalada. Todo este tiempo el gobierno de Ayuso ha presionado para acelerar la desescalada jaleado por los borjamari y cayetanos del barrio de Salamanca y los negacionistas de Colón. Y esto habrá que decirlo si se quiere evaluar la situación. Una cuestión es no convertir la evaluación en un reparto de culpas y otra es reducir la evaluación a  generalidades con tal de no aparecer torcido políticamente.

(II) La tentación de la soberbia

Gran parte de los firmantes de los dos artículos de The Lancet no vieron ni la gravedad, ni la proximidad de la pandemia y eran expertos. Pedirle que la detectaran a los no expertos es contradictorio con su misma condición de expertos. Ocurre entonces como en aquel chiste donde el cliente de un adivino lo descarta cuando escucha que el adivino pregunta quién llama. Harían bien en hablar desde un pedestal menos soberbio con los que además de la pandemia tienen que litigar con otros muchos problemas políticos y sociales.

(III) La tentación de la tecnocracia

La propuesta de que la evaluación se extienda más allá del ámbito sanitario y evalúen también los efectos económicos y sociales de la gestión de la pandemia, es también contradictoria con la naturaleza de una comisión de expertos. No existen los expertos en todo y mucho menos en el todo. Una comisión con tal ambición sería una comisión política, pero una comisión política no democrática. La política democrática habita en el reino de los fines y los expertos en el reino de los medios, por eso a la policía se accede por elección y a experto por mérito. Invertir fines y medios es precisamente en lo que consiste la tecnocracia, que el martillo gobierne a la mano. Es preferible una comisión de expertos que no entienda de todo y no represente sino a algunos que no entienda de nada pero pretenda representar a todos. La tentación holística en este caso es perversa.

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