La ocupación de la Universidad de la Sorbona en el mayo francés del 68.
La ocupación de la Universidad de la Sorbona en el mayo francés del 68.

Quizás, la mayoría de las cosas que nos hacen pensar ocurren casi por accidente. Un suceso casual de menor o mayor magnitud que suele escapar de los esquemas mentales que ya teníamos. Así, por accidente, hace un tiempo mientras hacía limpieza, apareció un semanal de 1998 del periódico El País sobre el 30 aniversario de 1968. Lo guardé y no ha sido hasta ahora que lo he leído. Entre otras cosas, compara a los jóvenes del mayo del 68 con los de finales de los noventa. No he podido evitar reflexionar y llevar hasta hoy la comparación.

Lo más llamativo era que los universitarios por aquel entonces se consideraban como una clase social aparte, más cerca de los intelectuales que otra cosa. Esto fue uno de los ingredientes del mayo del 68, no hubiera podido ocurrir todo aquello sin sentimiento de unión y el de una causa común. El porqué esto ya no es así es digno de estudio.

Hoy día ocurre totalmente lo contrario, reina el individualismo y no hay atisbo de que vaya a dejar de ser así. Puede que después de tantos avances quede poco por lo que luchar en nombre de la colectividad. Lo mismo está generalizado implícitamente el pensamiento de que siempre va a haber algún idealista, o algún político con ganas de ganar votos, que luche por ti mientras disfrutas todas las comodidades conseguidas hasta la fecha. ¿Por qué mover entonces un dedo? Da la sensación de que en nuestro sistema no hace falta que estemos todos en primera línea junto a la pancarta.

Puede que los jóvenes de hoy nos hayamos acomodado en un nivel de vida que consideramos estable a pesar de que existe un paro juvenil de vértigo. Según el semanal, el desempleo juvenil tampoco es que sea nuevo. Aunque en muchas ocasiones nos venga dado, tenemos de todo. En el 68 según cuentan, en España estaban instalando el agua corriente y un grifo por casa, y quien tuviera suerte una tele para ver un único canal que había.

Al respecto de los universitarios como clase social, ir a la universidad se ha generalizado. Prácticamente se ha convertido en una parte más de nuestras vidas, por lo que ha dejado de tener la especialidad que tenía antes. Muchísima gente pasa por la universidad sin que la universidad pase por ellos y le trae mayormente sin cuidado el movimiento estudiantil. Si un profesor se excede en su evaluación se sufre en silencio como una almorrana.

Vivimos en otro mundo distinto al del 68. Lejos quedan los tiempos en los que no se tenía nada y se pedía la igualdad. Hoy está extendida una clase media empobrecida, que goza de bastantes comodidades pero que podría estar mucho mejor, y que de alguna forma ha tenido la miel en los labios. También se trata de gente individualista de por sí. Esta clase media en horas bajas y con aspiraciones a convertirse en clase alta es uno de los ingredientes de un caldo de cultivo mucho más sombrío: el fascismo, algo no tan nuevo ni distinto.

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