El cielo anaranjado, durante el lunes de cuarentena. FOTO: MANU GARCÍA
El cielo anaranjado, durante el lunes de cuarentena. FOTO: MANU GARCÍA

Desde el pasado sábado a la noche, en España nos han pedido que nos aislemos en casa debido al brote de la enfermedad por coronavirus para minimizar los contactos y con ello, conseguir parar esta pandemia. Es evidente que a nadie nos gusta estar aislados. Sin embargo, no es una recomendación. Es una obligación. Es nuestra vacuna, la única vacuna que tenemos, junto a extremar las medidas higiénicas, como lavado de manos y de las superficies que tocamos de forma más habitual. Las decisiones sobre cómo aplicar el aislamiento deben basarse en la mejor evidencia disponible. Y para conseguirlo, es necesario tener en cuenta algunos aspectos para ayudar a que estemos lo mejor posible en estas circunstancias anómalas y a las que no estamos acostumbrados.

El aislamiento es una de varias medidas de salud pública para prevenir la propagación de una enfermedad infecciosa y tiene un impacto psicológico considerable para las personas afectadas. La mayoría de los estudios hablan de posibles efectos psicológicos negativos, incluidos síntomas de estrés postraumático, confusión y enojo. Los factores estresantes incluyen una mayor duración del asilamiento, temores de infección, frustración, aburrimiento, no tener los suministros adecuados, información inadecuada, pérdidas económicas y estigma. Apelar al altruismo, a la solidaridad, a hacerlo por quienes más lo necesitan, recordando a la ciudadanía sobre los beneficios del aislamiento para la sociedad en general puede ser favorable.

El impacto psicológico de la cuarentena es amplio y puede ser duradero. Esto no sugiere que la cuarentena no deba usarse; los efectos psicológicos de no usar la cuarentena y permitir que la enfermedad se propague podrían ser peores. Sin embargo, privar a las personas de su libertad para el bien público en general debe manejarse con cuidado. Si la cuarentena es esencial, es importante que se tomen todas las medidas para garantizar que esta experiencia sea lo más tolerable posible para las personas. Esto se puede lograr: diciéndole a las personas lo que está sucediendo y por qué, explicando cuánto tiempo continuará, proporcionando actividades significativas para que realicen mientras están en cuarentena, proporcionando una comunicación clara, asegurando que los suministros básicos (como alimentos, agua y suministros médicos) están disponibles y reforzando la sensación de altruismo que las personas deberían, con razón, sentir.

La cuarentena, y también un estado de alerta que limite los movimientos, requiere de un alto compromiso de las personas que vamos a permanecen aisladas o muchas horas encerrados en nuestras casas. Para que la convivencia familiar vaya bien, al estar más tiempo juntos, hay que ponerse de acuerdo en espacios, cuidados personales, lavado de manos con frecuencia, lavado de zonas tocadas habitualmente y cubrirse con pañuelos desechables o con el codo flexionado al toser.
Los estados de ánimo de la ciudadanía son en estos momentos como un polvorín. Cada persona las manifiesta a su manera. Esta alerta genera reacciones y comportamientos que transmiten la sensación de pánico colectivo.

Es básico centrarse en el momento presente, gestionar de forma adecuada la incertidumbre y la confusión, ante el desconocimiento y la aparición de información contradictoria, romper la situación de indefensión, porque cuanto mayor desconocimiento y sensación de descontrol, más tememos lo que puede llegar a suceder, además de superar la soledad, sentimiento que se dispara.

¿Cómo nos organizamos?: Seguir una rutina, respetar los espacios comunes, aprovechar el tiempo, acometer tareas pendientes, usar de forma adecuada las nuevas tecnologías, tener mimo con los mayores y apoyando a otros y apoyándonos a nosotros mismos durante esta crisis.

En situaciones excepcionales es normal sentir emociones difíciles, como miedo, temores concretos, sensación de pánico... Además, una excesiva atención a la cobertura de los medios de comunicación puede aumentar la ansiedad sobre el tema. Y más como lo tratan. Es importante estar informado, pero también limitar la cantidad de tiempo que se dedica al tema. De todas formas, a veces las crisis pueden convertirse en una fuente de inspiración y creatividad. Organicémonos para conseguir el mejor de los aislamientos. Ello nos ayudará a ganar al virus.

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