Ayuso y Sánchez, en la reunión para confinar Madrid. FOTO: PP
Ayuso y Sánchez, en la reunión para confinar Madrid. FOTO: PP

Se ha dicho una y otra vez que ante la pandemia necesitamos unidad de acción y que si no la hay, aumenta la mortalidad. La realidad con la que nos encontramos en España es un espacio de confrontación muy dura que dificulta la mejora de la situación de la pandemia. Y de la confrontación entre partidos, se le añaden algunas CCAA que buscan el enfrentamiento para encontrar rédito político y electoral. Terrible.

Dicho esto leemos en twitter lo que dice @miotei: el corresponsal del Frankfurter Allgemeine Zeitung, alarmado por la polarización política desde el inicio de la pandemia, piensa que "España ha perdido el control". El artículo vale la pena leerlo. Y el subtitulo reza: "España se deliza a lo que podría ser la crisis económica más fuerte desde la Guerra Civil. ¿Y qué hace la clase política? Se mira el ombligo" Y a partir de ahí empieza el texto:

"España ha perdido el control de nuevo. En julio, el presidente Sánchez anunció que la pandemia estaba controlada. Pero desde hace semanas, las autoridades han estado notificando aproximadamente 10.000 nuevas infecciones por día. También el número de muertes está aumentando. En Madrid, el Gobierno ha declarado el estado de alarma, como ya hizo en todo el país en primavera. En ese momento, el coronavirus arrolló el mundo, que no estaba preparado para ello. En España, sin embargo, poco se ha aprendido: Los dirigentes no están a la altura de la crisis. Los bandos políticos chocan de manera irreconciliable. La derecha arremete contra la coalición de izquierda de Sánchez como si la campaña electoral aún no hubiera terminado. España no es un “estado fallido”. Pero sí resulta imposible pasar por alto el fracaso del Estado. Tan pronto como las cifras bajaron en junio, el Gobierno central y las comunidades autónomas dejaron pasar un tiempo valioso. En lugar de prepararse para la segunda ola, muchas regiones apremiaron para relajar las restricciones cuanto antes. Especialmente en las costas... La intención era salvar la economía con la temporada de verano. Pero la afluencia de turistas extranjeros fue escasa. El hecho de que existe otra forma de hacer las cosas lo sigue demostrando a día de hoy Italia como destino de vacaciones.

Allí, las cifras están aumentando de nuevo, pero mucho menos que en España. Después de un confinamiento tan largo y duro, Italia no se apresuró a relajar las restricciones. El “estado de emergencia” vigente desde el brote de la pandemia acaba de ser prorrogado hasta enero de 2021. Si es necesario, las autoridades locales pueden endurecer las regulaciones vigentes en todo el país, pero no desactivarlas. La cooperación entre el Gobierno central y las regiones y municipios está funcionando. En España ocurre lo contrario. Desde el final del estado de alarma en junio, las 17 comunidades autónomas han estado al frente de la lucha contra la pandemia. Falta una estrategia nacional, así como un mensaje claro común. Durante semanas, el Gobierno ha estado experimentando su impotencia en su propia capital. Aunque la situación allí es dramática, el Consejo de Ministros de Sánchez ha tenido que adoptar la medida extrema de declarar el estado de alarma en la región de la capital; una primera intervención del ministro de Sanidad había fracasado anteriormente ante los tribunales.

Más de 50.000 españoles han perdido la vida como resultado de la Covid-19. Sin embargo, los políticos no logran llegar a un consenso. Faltan líderes que unan al país. Discuten sobre cifras y litigan entre ellos. Especialmente en el Partido Popular conservador, los políticos más jóvenes y menos experimentados tratan de afilar su perfil por medio de una oposición de carácter fundamental: El derrocamiento del Gobierno de izquierda de Sánchez les importa más que la lucha contra la Covid-19. En Madrid, el PP quiere hacerlo todo mejor y de manera diferente. Por eso, exige que se levante el estado de alarma e indica que la tasa de incidencia acumulada es inferior a 500 nuevas infecciones por cada 100.000 habitantes. Este es el umbral que marca una intervención más dura. En Alemania, sin embargo, este límite se sitúa actualmente en algo más de 45 casos.

En España, el virus ataca a un estado debilitado y bloqueado por conflictos no resueltos. La inestabilidad y el enfrentamiento conforman la cultura política e impiden las reformas necesarias. El conflicto entre Barcelona y Madrid amenaza con agravarse de nuevo... Una solución política está aún muy lejos de alcanzarse. Las acusaciones de corrupción contra Juan Carlos han sumido a la monarquía en una grave crisis. Esto lleva el agua al molino de sus oponentes. El consenso que surgió durante la transición a la democracia se está desmoronando. Desde hace casi cuatro años, ningún gobierno ha tenido una mayoría en el fragmentado Parlamento español. La coalición de izquierda gobierna con los Presupuestos Generales que heredó del anterior ejecutivo conservador.

Al igual que cuando fue investido por segunda vez en enero, Sánchez vuelve a depender de los separatistas catalanes para encontrar los votos suficientes para sacar adelante un nuevo presupuesto, lo que España necesita cuanto antes para hacer frente a la pandemia. Esto es sólo un ejemplo de cómo el centro político está fallando en la gestión de la crisis del coronavirus. En junio, Sánchez no encontró una mayoría en el Congreso para extender el estado de alarma.

La cuarta economía de la Eurozona ya no puede salvarse por sí sola. España se está deslizando hacia lo que puede llegar a ser la peor crisis económica desde la Guerra Civil. Aunque los expertos no esperan una vacuna antes del próximo verano, Sánchez ya le ha prescrito al país un ambicioso Plan de Recuperación. Se espera que la digitalización y la “economía verde” creen 800.000 empleos. Los costos serán cubiertos por la UE. El Fondo de Reconstrucción de la UE prevé para España alrededor de 140 mil millones de euros, siempre y cuando los fondos se movilicen en 2021. Pero hasta ahora, a España le han faltado la perseverancia, unidad y eficiencia que requiere semejante hazaña".

Cuán necesario es terminar con un estado tóxico. Y cuan necesario es que se acabe la CCAA tóxica. Cada día que pasa la no unidad en temas de estado va en contra de tener un buen sistema. Y llevamos muchos años en los que por ineptitud o por ganas de no facilitar, nos encontramos en una situación sin los aspectos clave para un estado moderno.

 

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