La instalación de antenas de telecomunicaciones —ya sean de telefonía móvil, 4G, 5G, radio, televisión o Wi-Fi— suele generar inquietud entre vecinos y comunidades. La preocupación por un posible impacto en la salud es comprensible, pero ¿qué dice realmente la evidencia científica disponible?
¿Qué tipo de radiación emiten las antenas?
Las antenas de telecomunicación emiten campos electromagnéticos de radiofrecuencia, un tipo de radiación no ionizante. Este detalle es clave: la radiación no ionizante no tiene energía suficiente para dañar el ADN ni provocar mutaciones celulares, a diferencia de la radiación ionizante (como los rayos X o la radiación nuclear), que sí puede causar cáncer.
Evidencia científica: lo que se sabe hasta ahora
Las principales organizaciones sanitarias internacionales —como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) y numerosas autoridades reguladoras— coinciden en varios puntos fundamentales:
•No existen pruebas sólidas de que las antenas causen cáncer u otras enfermedades cuando cumplen los límites de exposición establecidos.
•Los niveles de exposición ambiental cerca de antenas son muy bajos, generalmente muy inferiores a los que produce el uso habitual de un teléfono móvil.
•Revisiones sistemáticas de alta calidad muestran que el uso de teléfonos móviles no incrementa el riesgo de cáncer cerebral, con un nivel de evidencia considerado de certeza “moderada”.
•La exposición a antenas de transmisión no se ha asociado con leucemias infantiles ni otros cánceres en estudios poblacionales.
Un dato relevante refuerza estas conclusiones: la incidencia de cáncer cerebral se ha mantenido estable en las últimas décadas, a pesar del enorme aumento del uso de teléfonos móviles y redes inalámbricas. Si existiera una relación causal fuerte, ya se habría detectado en estas tendencias epidemiológicas.
Síntomas atribuidos, pero no demostrados
Algunas personas reportan síntomas como:
• Dolor de cabeza
• Fatiga
• Trastornos del sueño
Aunque estos síntomas son reales y merecen atención médica, los estudios científicos no han podido demostrar que estén causados directamente por la exposición a antenas. Este fenómeno se conoce como sensibilidad electromagnética, pero no se ha identificado un mecanismo biológico que lo explique, y los ensayos controlados no muestran diferencias entre exposición real y simulada.
Límites y medidas de seguridad
Las antenas están sujetas a normativas muy estrictas:
• Existen límites legales de exposición con amplios márgenes de seguridad.
• Las instalaciones se diseñan para que la exposición del público sea muy inferior al umbral considerado potencialmente peligroso.
• Las autoridades realizan controles y mediciones periódicas para verificar el cumplimiento de la normativa.
¿Y qué ocurre con el 5G?
El 5G ha generado inquietudes adicionales, pero desde el punto de vista científico:
• Utiliza el mismo tipo de radiación no ionizante que tecnologías anteriores (4G, Wi-Fi).
• No tiene capacidad para dañar directamente el ADN.
• La IARC clasifica los campos de radiofrecuencia como “posiblemente carcinogénicos” (grupo 2B), una categoría que indica evidencia limitada y no concluyente. En ese mismo grupo se incluyen factores cotidianos como el café o los vegetales en escabeche.
• Hasta la fecha, no se ha demostrado un aumento del cáncer por vivir cerca de antenas 5G.
Correlación no es causalidad
Uno de los errores más frecuentes en estos debates es confundir correlación con causalidad.
Que varias personas de una misma calle padezcan cáncer no significa automáticamente que una antena sea la causa. El cáncer es una enfermedad multifactorial en la que influyen:
• La genética
• El estilo de vida
• El tabaquismo
• La alimentación
• La exposición a contaminantes ambientales
La ciencia exige estudios comparativos amplios y controlados para establecer relaciones causales, no coincidencias aisladas.
Preocupación ambiental y social
Es importante diferenciar los planos del debate.
Aunque el riesgo sanitario es muy bajo, es legítimo discutir otros aspectos como:
• Impacto paisajístico
• Ubicación en entornos protegidos
• Planificación urbana y participación vecinal
Estos temas son relevantes, pero no deben confundirse con riesgos para la salud, que según la evidencia actual son mínimos cuando se respetan las normas.
Necesidad de seguir investigando sobre el tema para la seguridad de la ciudadanía
• No se ha demostrado que las antenas causen daños a la salud.
• La radiación que emiten es débil, no ionizante y está regulada.
• Las conclusiones se basan en estudios de calidad y en la totalidad de la evidencia disponible.
• La investigación continúa, especialmente en exposiciones a largo plazo y en poblaciones potencialmente más vulnerables.
Un mensaje final:
Según la evidencia científica actual, las antenas —incluidas las 5G— no han demostrado causar cáncer. La coincidencia de casos en una zona no prueba una relación causal. Los riesgos reales para la salud son muy bajos si se cumplen las normas de seguridad. Aun así, es razonable mantener la vigilancia científica y debatir otros impactos sociales o ambientales de forma informada.
Informar con rigor y calma es clave para tomar decisiones basadas en datos, no en miedo



