Épicas de la Fiesta de la Vendimia

"Para disfrutar un vino de verdad lo importante es compartirlo en buena compañía. Hasta aquí el cantar del mío fino"

Una persona tomando fino en los Claustros de Santo Domingo por las Fiestas de la Vendimia
Una persona tomando fino en los Claustros de Santo Domingo por las Fiestas de la Vendimia MANU GARCÍA

Estamos seriamente demacrados y lo peor es que todavía queda por delante esta última semana, con todas las catas que eso conlleva. No sé cómo, pero se me han impregnado las manos y por mucho que me las lave siguen oliendo a amontillado. En este caso, la resaca es fruto de una historia digna de contar, algo que realmente no es muy común. Últimamente se romantizan mucho las borracheras, como si fuera algo bohemio. Pero nada más lejos de la realidad, el resultado más probable es que algún señor abolle tres coches intentando aparcar el suyo, hecho que más que romántico tira para el humor negro. Por ello, lo que viene a continuación es realmente una excepción.

Después de un año en blanco, se han podido recuperar todos los eventos de la Fiesta de la Vendimia, y con ellos el II Desafío de Cata a Ciegas, en colaboración con la Sociedad Jerezana del Vino. Si bien para la primera edición hace dos años estuvimos entrenando un mes entero, esta vez solo pudimos repasar un par de días antes las diferencias entre el oloroso y el palo cortao. La cita era el jueves en el Consejo Regulador. Mismo equipo que en la primera edición: Claudia, mi padre y yo. Aunque si bien es cierto, por culpa de una llamada telefónica importante, nos quedamos solos Claudia y yo. Ya sabíamos cómo funcionaba, así que pusimos empeño en identificar los siete tipos de vino en el menor tiempo posible, con la esperanza de poder pasar de ronda gracias al tiempo aunque no consiguiéramos muchos puntos.

Claudia adivinó el Tío Mateo, pero no le hice caso porque dije que no me sabía a eso. Cuando se lo dije a la organización me respondieron de broma que me quejase a José Estévez (S.A.). En cualquier caso, la táctica funcionó y nos clasificamos para la siguiente ronda, siendo los 12º de 14. Nos dieron la noticia sobre las 12 de la noche del viernes mientras estábamos en una fiesta, el lugar perfecto para celebrarlo. Anecdóticamente, de la emoción di una patada al aire y mi zapato voló hasta el patio del vecino. Luis lo recuperó a la mañana siguiente. Así fue como el sábado a mediodía, sin haber dormido mucho, tuvimos que ir a los claustros.

Realmente ya habíamos conseguido nuestro objetivo, que era ser dignos de llegar a la final. Bueno, eso y probar siete vinos más. Esta vez la palabra de Claudia iba a misa y así fue como adivinamos el fino. Esto nos catapultó y finalmente quedamos cuartos. Estábamos fuera del podio y de los premios, pero la medalla de chocolate nos supo a gloria y había que celebrarla. Teníamos 10 tickets del “De Copa en Copa” en los claustros de los que cayeron nueve. Nos dimos cuenta de que gracias a las catas que se hacen a lo largo del año ya habíamos probado los vinos que había en la mayoría de los puestos. Quizá no fuera tan casual que hayamos quedado en buen lugar.

De los claustros nos echaron a las 15:30 y fuimos a la nueva sede de la Sociedad Jerezana del Vino, donde había una convivencia. Nos alegró estar allí con la Sacristía del Caminante, ya que les echamos de menos en la final de este año. Entre una cosa y otra bebimos lo suficiente como para acabar declarando “no volveré a beber nunca”, pero con todo tuvimos nuestra moraleja. No importa que un vino sea seco, dulce, tinto, blanco, barato, caro, de tu tierra o de lejos. Para disfrutarlo de verdad lo importante es compartirlo en buena compañía. Hasta aquí el cantar del mío fino.

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