Entre el gran abrevadero y el burdel turístico

Al parecer los centros históricos-monumentales ya no pertenecen a los que hemos nacido y/o vivimos en ellos, es más…sobramos

Las calles de Sevilla, llenas de aficionados desplazados por la final de la Copa del Rey.
22 de abril de 2026 a las 10:04h

La asociación apartidista Sevilla Se Muere-Iniciativa Ciudadana Sevillana declaró la semana pasada como persona non grata al actual alcalde de la ciudad, José Luis Sanz Ruiz. El hecho simbólico que me congratula representa el hastío de una parte de la sociedad civil que tratamos de resistir las embestidas de un modelo de ciudad pensado únicamente para el negocio de unos pocos, especialmente de grupos de presión y poder vinculados al ámbito del turismo masivo, los grandes eventos, la hostelería, la construcción o el transporte.

En el texto presentado se concluye que además de una ausencia total de diálogo, el resultado final de sus políticas establece la turistificación, la eventización y la barificación como realidades cronificadas.

En la misma línea de esta lamentable deriva, este fin de semana las hordas de uno de los opiáceos del vulgo, invadieron los espacios de convivencia común con sus cánticos gregarios, situaciones de inseguridad ciudadana e ingesta variada, convirtiendo las calles en auténticas pocilgas y forzando a un control policial y una limpieza municipal extra que pagamos entre todos, por lo que me uno igualmente a la añadida petición del mencionado colectivo para solicitar que no vuelva a celebrarse la final de la Copa del Rey en Sevilla.

En su defecto y si no hubiera más remedio, se me ocurre un “pastoreo” de los aficionados (en argot policial), que los lleve directamente desde los medios de transporte de llegada hasta el estadio y viceversa, sin pisar la urbe.

Ciudades como parques temáticos

Al parecer los centros históricos-monumentales ya no pertenecen a los que hemos nacido y/o vivimos en ellos, es más…sobramos, molestamos y no hay derecho a queja.

Hablamos de un modelo continuista de los diferentes responsables municipales en las últimas décadas que independientemente de su color político, ahora —sin máscara— enfoca los principios fundacionales de un capital salvaje para con desprecio, implementar una situación que se torna dramática y que se repite en otros municipios de similares características.

Los regidores locales ya solo mantienen el título y cargo para el extrarradio y los barrios donde se aglomera o empuja al núcleo poblacional, pero su cargo cambia a Chief Executive Officer como gestores de un inmenso parque temático intradós, absolutamente prostituido al mejor postor. 

En el caso hispalense además del saqueo clásico del casco antiguo, podría adjuntarse como objetivos consolidados de rapiña la Avenida de la Palmera, parte del barrio de Triana y elementos patrimoniales tan significativos como la Plaza de España o el Real Alcázar, entendidos como extensiones para el bullicio y el espectáculo burdo de luces y sonido.

Si el Consistorio se va quedando sin espacio interno, busca oportunidades ilimitadas para la sobrexplotación en nuevos paseos fluviales, la Cartuja o el barrio portuario, siempre con la inclusión de más bares, restaurantes y hoteles. Todo es ocio, celebraciones y eventos permanentes a modo de semanasantódromo, fiestódromo o gigantesco centro comercial, trivializando el concepto cultura o eliminándola directamente de la ecuación.

Especulación de la vivienda

La alcaldía presume además de impronta urbanística y optimización en la peatonalización y ampliación de acerados, con un “libro de estilo de plataforma única”, traducido como negocio para empresas constructoras, quita de aparcamientos para residentes y obtención de superficie plana extra que tendrá su correspondiente despliegue de más veladores-obstáculos (si tienes problema de movilidad o eres demasiado mayor…pues ajo y agua), en un circuito viciado que se retroalimenta con las tasas generadas, que a su vez vuelven a dedicarse no precisamente a medidas sociales tan necesarias para una población autóctona que envejece sin protección (hacen falta muchas más residencias y centros sociales públicos para mayores).

La consecuencia más grave sin duda es la especulación de la vivienda y la orientación de cualquier espacio libre al negocio del ámbito lúdico. Al falsario control de zonas saturadas de viviendas de uso turístico insertadas donde viven ciudadanos-trabajadores (VUT), se ha dado rienda suelta a la multiplicación de apartamentos turísticos en cualquier planta baja, bloque, recodo y hasta convento aprovechable (AT).

Urbanismo no tiene literalmente vergüenza en dar licencias a destajo, mientras que prosiguen la construcción y proyectos de hoteles (incluyendo categoría “Gran Lujo”), bloques de viviendas de muy alto nivel adquisitivo y VPO a precios impagables para una economía básica. La mancha se expande y los especuladores inyectan inversión “a futuro” disparando unos precios absolutamente fuera de control. Como resultante se consigue un modelo de ciudad “excéntrica” o de anillos múltiples que condena o sugiere cínicamente a que la población no pudiente se marche a la siguiente corona externa; esa aglomeración desplazada necesita a su vez un transporte e infraestructura que permanentemente intenta adaptarse sin éxito, esto es…grandes obras públicas que pagamos de nuevo en colectivo y que benefician al sector privado (circunvalaciones, accesos, red de metro y cercanías, cuellos de botella de tráfico rodado, polígonos industriales, etc.) 

Para entender bien esta aberración urbanística sirva el lamentable paradigma de Madrid, siempre en obras, expansión y ampliación, obligando a vivir a decenas de miles de personas a una hora o más en el traslado diario empleo-hogar (con su vuelta correspondiente), en un área metropolitana que pronto fundirá los territorios ciudad y comunidad autónoma como asimilables, cuando no afectando directamente a otras provincias y ciudades que funcionan como dormitorios anexos.

Es un modelo completamente insostenible e ineficiente en el gasto o la logística, y un claro ejemplo de la ley de la selva habitacional con subproductos muy bien definidos: neoesclavos periféricos con sueldos de miseria que tienen muy interiorizado su servidumbre y su apartadero residencial, junto a clases medias devaluadas con ínfulas a los que se le ofrece la vivienda unifamiliar con jardín trasero, la urbanización de adosados apiñados, o el bloque tipo “cebra” con piscina comunitaria…todo evidentemente a distancia de un centro que es considerado lujo, negocio y consumo.

El idéntico camino que lleva mi ciudad, genera un tipo de fauna y ecosistema patético: ricachones foráneos y propios viviendo a todo trapo, guiris en cola para comer churros con chocolate en cubo de cartón a cualquier hora o entrando en tablaos “auténticos” emuladores de club de carretera, turismo nacional de fotito instagrameable, despedida de soltero/a, garrulismo, gritos, familias en piaras, matchas con toppings y frappés despachados por un agujero en la pared (coffee window), cartucho cutre de jamón de recebo, pavías y espinacas a granel, blíster de fresas o galletas cargadas de mantequilla para que te reviente las arterias…cualquier superficialidad kitsch es válida para la felicidad colectiva. Pretender ir a comer a un sitio decente es una pesadilla sin una reserva previa y encontrar un restaurante que no te clave treinta y cinco euros por una botella de vino básico se traduce en auténtica quimera.

Quedan resistiendo los locales populares de toda la vida o una hostelería -a la que elogio- que entiende que comer bien es un acto de disfrute y tranquilidad, pero ya habrá algún cretino influencer para reseñarlos bajo el titular “el sitio dónde van la gente local” o los "5 bares tradicionales que no te puedes perder". Para la masa siempre habrá un local con mesas apiñadas con conversación de comensal ajeno, con la misma carta modernita que encontrarías en cualquier otro país y el mismo cantamañanas metido a emprendedor con barba de chivo y cadenas al estilo manager de una discoteca, que sin pudor te indicará nada más sentarte que tienes una hora y cuarto para comer (aunque tenga mesas y barra vacías).

Hasta el bar de desayuno que es una institución cultural y una pausa básica laboral para el autóctono, sufre las modas de “los creadores de contenido”, con un aumento o precio desorbitado, bajada de la calidad del producto o la añadidura de veinte céntimos a un simple café porque ya se ha pasado las 12.00 PM. Este es el precio del despótico negocio intensivo y me pregunto dónde están los defensores de las tradiciones, los de sevillanas maneras, los rancios que presumen de realengo y prestigio, los reaccionarios inquisidores de las ondas y la comunicación, los de las sacrosantas hermandades, del Corpus o la Feria, ¿alguna crítica? ¿la ciudad deja de ser auténtica pero no hay problema si da dinero a una casta? 

Una ciudad de "compadres"

Para este señorío, estando forrado y en muchos casos en relación directa con los negocios inmobiliarios y similares, no hay problema en tener un refugio en forma de casoplón con vistas al Guadalquivir o en acceder a un reservado VIP en el restaurante de igual ideología retrógrada. A esos próceres les importa poco estas menudencias porque levitan por encima del populacho…y si viene otra pandemia, la actual crisis de combustible que afecten a los vuelos, o sencillamente un cambio de destino turístico a escala mundial…no pasa nada porque una sociedad dependa de un monocultivo laboral que se queda en paro…ya el gobierno -lo público- se hará cargo de camareros, personal de cocina, habitaciones, repartidores, conductores de vehículos o cualquier aspecto derivado.

Siempre nos queda la caricatura propia y quizás no somos más que una ciudad de “compadres” (parodia de Alfonso Sánchez Fernández y Alberto López López) y efectivamente “esto ya no es lo que era”. Por si acaso, le propongo algunas ideas al señor alcalde para que saque más rédito a este circo de tres pistas: me ofrezco para exhibirme públicamente como uno de los últimos sevillanos residentes, en cautividad o con un collar localizable a similitud de los linces. Manufacture un brazalete identificativo obligatorio o un triángulo con el carmesí y el no-madeja-do identificativo, al que añadir nuestra fecha de nacimiento para dejar hacernos fotos como monos de feria. Contrate figurantes con acento forzado, contadores de chistes, y engalanemos balcones fake de casas sin habitantes con damascos burdeos, Palmas de Domingo de Ramos e impresiones de imaginería a gran formato. Explore los límites de este escaparate burdo que siempre hay una nueva forma de morir de éxito cateto, soez y vulgarizado.

No será por análisis y por avisos, pero si no es mucho pedir me gustaría morir en mi barrio sin una pérdida absoluta de la identidad social y antropológica que en algún momento fue sostenible y afable. Yo estaba orgulloso de enseñar y compartir mi ciudad, pero ahora soy un señor que a veces en su subconsciente se le escapa un bloody tourists en alto cuando se cruza en la calle con esta invasión organizada (vale también para el género nacional).

Que nadie niegue en un futuro la identidad de los responsables de esta barbaridad y cómo hemos llegado a esta situación, por lo que en justicia merecerían un monumento a la ignominia con sus nombres grabados para la posteridad. Como en otros aspectos, la ruindad mundana elude la solidaridad y lógica del bien común, no siendo un problema pedagógico de explicación de causas y consecuencias directas, sino de voluntades egoístas con una mirada cortoplacista.

No es tan difícil la comprensión de este análisis de espacios urbanísticos y patrimoniales huecos respecto a su población autóctona, como tampoco es utópico mirarse en otros modelos que aplican medidas proteccionistas para no convertir nuestra ágora en un coto restringido a clases pudientes o al vaivén continuado del trasiego de visitantes. Es muy preocupante que una sociedad que se dice formada en valores vaya perdiendo esa concepción de lo colectivo sin preocuparse por el daño que se genera.