Fotograma de Chernobyl, miniserie de HBO.
Fotograma de Chernobyl, miniserie de HBO.

Desde Bruselas sale una carta, la tarde del 31 de diciembre, a todos los gobiernos de la Unión: el gas y la energía nuclear deben ser consideradas energías verdes. Esa misma noche del 31 de diciembre, a la hora de las uvas, quedaban desconectadas tres centrales nucleares alemanas: Grohnde, Brokdorf y  Gundremmingen C. Permanecen abiertas tres: Isar 2, junto a la pista del aeropuerto de Múnich, Emsland y Neckarwestheim 2. La historia de las averías y paradas de urgencia por averías es larga, y no solo en Alemania.

Debería estar, todavía, muy reciente en el recuerdo el terrible accidente nuclear de Fukushima para comprender que incluso si la tecnología nuclear fuera segura, que no lo es en absoluto, la naturaleza manda un tsunami y quedamos todos achicharraos. Esto lo cuento para los que piensen que Chernobyl pasó solo porque eran comunistas. La lista de accidentes nucleares relevantes, sin tsunamis mediante, es también larga: 1957, Winscale; 1979, Three Mile Island; 1983, Constituyentes; 1987, Goiãnia; 1999, Tokaimura.

Además de los accidentes está el problema de la basura nuclear, activa durante cientos o miles de años, según su categoría. Alemania todavía no dispone de un cementerio nuclear donde almacenar toda su basura, por falta de seguridad de los lugares elegidos para construirlo. Además, los cementerios pueden tener fugas radioactivas, como en el caso de Handford. Ello sin contar con que la fosa atlántica, lo mismo frente a Asturias que a Galicia, tiene miles de barriles de basura nuclear que se van oxidando un poco más cada día.

Francia posee 56 reactores y el día 18 de este mes de diciembre desconectó, por cinco semanas, su central más potente, Choooz, por un defecto cerca de la soldadura de uno de sus reactores. Francia es, sin embargo, el país que más presión ejerce para que su energía nuclear sea vista como verde. Su parque, nada verde, de centrales está muy aviejado y tienen planes muy ambiciosos para renovarlo con centrales de menor tamaño y más potencia.

En este contexto, hasta aquí señalado, un grupo de países de la Unión Europea representa la mayoría que puede tomar la decisión favorable a que la energía que lo achicharra todo sin compasión sea calificada de verde. Para observar el color de la energía nuclear solo hay que desplazarse hasta Chernobyl y comprobarlo. Destrucción, mutaciones y un reactor que no dejar de bullir y al que a cada rato hay que cubrirlo con una nueva y pesada capa de hormigón especial. Quien haya visto la ficción televisiva sobre Chernobyl se puede hacer una idea de lo verde que es todo esto.

Considerar la energía nuclear como verde es considerar la mentira como verdad: este es fundamentalmente el problema. Tras este apoyo a la energía nuclear está el deseo de Francia, y otros países, con intereses económicos concretos, así como el deseo de impedir el cambio de la posición de control sobre las energías que implican las renovables. La energía nuclear o la del gas suponen un control centralizado de la energía misma y de sus precios. Las energías renovables implican descentralización de su control y de los precios.

En el ámbito estrictamente político es una nueva batalla entre Francia y Alemania, dado que acaba de llegar al Gobierno una coalición claramente contraria a la energía nuclear y con un color predominantemente verde. Y una batalla ideológica. Bruselas, con Von der Leyen, alemana claramente anti verde e ideológicamente contraria al actual Gobierno de Berlín. No parece una casualidad que solo unas horas antes de la desconexión, prevista hace tiempo, de tres centrales nucleares alemanas, Bruselas envíe in extremis tal propuesta a los gobiernos europeos.

El gas, así mismo, es una energía fósil y contaminante, que de verde no tiene nada tampoco. Alrededor del gas hay, además, una disputa geopolítica de importancia, que envuelve a Rusia y a Ucrania, que implica a Estados Unidos, contrario a los planes de Alemania con Rusia para el gran oleoducto del gas a través del mar Báltico. Un oleoducto considerado cada día más como un error y que nunca gustó a Los Verdes, segundo partido en la coalición del Gobierno de Berlín.

La película No mires arriba, Don’t look UP, que tan de moda se ha puesto, resultaría también útil para entender entre risas el disparate que se quiere oficializar con las energías sucias para presentarlas como limpias.

El intento de blanquear la energía nuclear y el gas implica, además, seguir muchos años más con esas dos energías en funcionamiento. Las nuevas centrales nucleares no solo podrán recibir dinero para la financiación sino que prolongarán su actividad durante muchos más años que solo hasta el 2045.

Lo grave es que, a pesar de que varios gobiernos están en contra, la decisión podría estar ya tomada.

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