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En la lucha interna por el poder, los distintos actores políticos suelen emplear el método de sacar a relucir los trapos sucios de casa para hundir al contrario, aunque este sea el compañero de al lado.

Los recientes acontecimientos vividos en el PSOE de Jerez han llevado a reflexiones como la de Paco Sánchez Múgica, director de este medio, para quien las vicisitudes internas de dicho partido son dignas de estudio en las universidades americanas. Caso de estudio o no, no deja de ser un claro ejemplo de una lucha intestina por el poder, que, como tantas otras, hace florecer los instintos más primarios del ser humano.

Ciertamente, en la lucha interna por el poder, los distintos actores políticos suelen emplear el método de sacar a relucir los trapos sucios de casa para hundir al contrario, aunque este sea el compañero de al lado. Un ejemplo de ello es el largo proceso electoral en los Estados Unidos. Con el arranque de las primarias, los equipos de los distintos precandidatos que pugnan por la nominación sacan a relucir todo tipo de escándalos que van minando la credibilidad del candidato afectado, cuando no acaban directamente con ella. Los escándalos de índole sexual suelen ser los preferidos para una sociedad más puritana que la media europea. Este fue el caso de Bill Clinton, que, aunque no impidió su elección como presidente, ha surgido de nuevo en el segundo debate que su mujer, Hillary mantuvo con Donald Trump en la madrugada del lunes, en un intento de Trump por contrarrestar la publicación de un vídeo en el que realiza comentarios machistas y obscenos.

Las luchas fratricidas están detrás de algunos hechos recientes, como las peripecias del caso Soria, donde se puso de manifiesto la división en el propio Gobierno entre 'marianistas' y 'sorayos'. El lavado de manos, cual Pilatos, de Soraya Sáenz de Santamaría al ser preguntada por este asunto fue antológico, trasladando toda la responsabilidad al ministro de Economía, Luis de Guindos. No planteo que Soria y de Guindos no se merecieron el rapapolvo y el bochorno del fallido nombramiento, sino la nula solidaridad mostrada por la vicepresidenta. Es conveniente recordar que Sáenz de Santamaría es la responsable en el Gobierno del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), productor de todo tipo de informes y dosieres, organismo temido por quienes tienen algo que ocultar.

Lo que cabe preguntarse es dónde aprendieron todos estos aprendices de Maquiavelo estas artes. ¿En qué universidad aprendieron a ser desleales con los suyos? ¿En qué escuela aprendieron a filtrar informes sobre compañeros de su partido? ¿Dónde aprendieron a anticipar noticias con el objetivo de dañar políticamente a sus rivales? ¿Dónde se aprenden estas cosas? ¿Dónde se aprende la mezquindad y la deslealtad? ¿En la escuela de la vida? Pues muy mal debe haberlos tratado la vida para llegar a cometer esos actos. ¿O será el poder, que corrompe hasta la médula de los huesos incluso a las personas más íntegras?

De los tiempos de la UCD, partido que se desangró en sus guerras fratricidas, quedan dos frases para el recuerdo que describen de forma gráfica, y con cierta amargura, aquellos enfrentamientos. La primera la acuñó Pío Cabanillas, ministro entonces, y que reza así: "cuerpo a tierra, que vienen los nuestros". Da idea de cómo eran los envites en la época. La segunda tiene como autor a Adolfo Suárez, y retrata la actitud cerril e intolerante de toda una formación política: “¿Por qué no nos querremos más?”. Como todos saben, Suárez acabó dimitiendo y la UCD desintegrándose. Es como para pensarse dos veces si merece la pena el poder a cualquier precio.

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