Una fotografía reciente del Ayuntamiento de Jerez. FOTO: MANU GARCÍA.
Una fotografía reciente del Ayuntamiento de Jerez. FOTO: MANU GARCÍA.

Llegan las elecciones y todos salimos a prometer y vender las bondades de nuestra gestión. Nos aprovechamos de la desafección de la gente por la política, pues no se preocupan de averiguar si lo que estamos diciendo es cierto o no. Con una baza como esa intentamos convencer a estos para que nos voten. Tras estas palabras algunos dirán:¡Ves como todos los políticos son iguales! Otros: ¡Eso es mentira, nosotros no engañamos a nadie! Y todos se quedarán tan panchos.

La experiencia de estos cuatro años me ha llevado a una conclusión muy especial: si los votantes no se implican en saber que está pasando con sus derechos y sus impuestos, seguirán engañándolos como a bobos. Yo he visto como una mentira tras ser repetida varias veces, se convierte en una verdad.

Es el caso del servicio de ayuda a domicilio, en sus inicios privado. Si la gente se hubiera interesado un poco vería como ésta surge gracias al interés que tenía el Ministerio de aplicar un plan de ajuste en el Ayuntamiento de Jerez.

También sabría que un bien inmueble municipal ha sustentado un negocio privado durante treinta seis años, a cambio de un pequeño alquiler, pero cuando una persona entraba a consumir no le hacían una rebaja por ser un contribuyente honrado.

Si la gente se hubiera interesado un poco sabría que la plantilla municipal son sus empleados, a los que tenemos que tratar con respeto, pero a la vez tienen el deber de atender con premura y agrado. Y si no es así, es que los que gobiernan no lo están haciendo bien, al no propiciar las condiciones adecuada para ello.

No es lógico poner los servicios municipales –como el agua, la limpieza, los jardines, etc.– en manos privadas y no fiscalizarlo. Luego solo nos quejamos de lo sucia que están las calles. ¿Cuántas denuncias se han presentado por el estado de nuestras calles? Pocas o casi ninguna, y el día que se barren el gobierno lo vende como algo extraordinario.

Tenemos la obligación de organizarnos, exigir nuestros derechos, saber qué están haciendo con nuestros impuestos, preocuparnos en manos de quién ponemos nuestro Ayuntamiento, fiscalizar su gestión, denunciar públicamente cuando se haga mal. Eso solo nos llevará unos cuantos minutos semanales y evitaría que nos siguieran engañando, porque esto es como el timo de la estampita: aquí todo el mundo intenta engañar al tonto y al final el engañado es él.

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