Los verdaderos

Con los bolsillos bien llenos, los verdaderos abominan de lo público y esconden las sombras de nuestro más hondo drama como país

JOSE PETTENGHI ARTICULO

Biólogo y profesor.

Ultraderecha en Finlandia.  FACEBOOK
Ultraderecha en Finlandia. FACEBOOK

La derecha ha ganado las elecciones en la apacible Finlandia. Pero a muy poca distancia la ultraderecha obtuvo más del 20% de los votos. El nombre del partido ultra se llama “Verdaderos finlandeses”. En España han llegado tarde, pero les hubiera gustado un nombre así en vez de llamarse como un diccionario.

En cualquier caso están que se salen, subiditos. Una ola ultraderechista recorre Europa, ya sea Finlandia, Hungría, Italia… o España. Aquí no se llaman “Verdaderos españoles”, pero adoptan el ideario ultra: lo identitario, con su carga de xenofobia y clasismo, y manosear a su gusto el patriotismo, esa basura combustible siempre presta a que cualquier tipejo ansioso de ver iluminado su nombre, le arrime una antorcha.

Los verdaderos retuercen el idioma para acrobacias verbales. La palabra ‘injusticia’ ha sido sustituida por ‘disfunción’ o ‘asimetría’, menos feroces. ¿Quién va a protestar por una asimetría? ¿Quién haría una revolución por una disfunción? Así se cierra el conveniente círculo: el que es pobre, lo es por su exclusiva culpa.

Con los bolsillos bien llenos, los verdaderos abominan de lo público y esconden las sombras de nuestro más hondo drama como país: la memoria de nuestra guerra civil y el mórbido franquismo.

Los verdaderos contemplan embelesados cómo canalladas urbanísticas y el dinero fácil tumban la fragilidad de Doñana, cómo Bertín se hace el gracioso a costa de Greta Thunberg, cómo los toros, ese repugnante espectáculo de moscas y muerte, obtiene mejor trato que la danza contemporánea, “una pamplina”, según uno de ellos.

Los verdaderos defienden que la justicia es igual para todos. Claro, pero otra cosa son las sentencias, porque en este país no existe una separación nítida de los poderes públicos. Y a los verdaderos les va bien así.

Lo último que les he oído es que hay que sacar la ideología de la escuela. Y mientras la sacan, meten la religión por las ventanas.

La ignorancia, la instrucción deficiente, de la que Froilán es su mejor ejemplo, y la sumisión bochornosa de la prensa, conducen a una Andalucía moranquista, digna del costumbrismo casposo ‘La Escopeta Nacional’.

Y no lo olvides: si eres pobre, es por tu culpa.

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