Concentración contra la guerra de Ucrania.
Concentración contra la guerra de Ucrania. MANU GARCÍA

Vivimos una época rara. Un mundo viejo que no termina de morir y uno nuevo que no acaba de arrancar. Y no solo porque ahora mismo haya dos reyes, dos papas, (dos carnavales) y el preludio de una guerra en Europa. Ni que un gobierno en España haya sufrido la corrosión de una derecha cada vez más montuna, una pandemia, un volcán y ahora una guerra… ¿Qué queda?

Un mundo raro. Que veteranos como yo, vacunados en terceras nupcias, sigamos acongojados con el virus. Que la reina (una de ellas, la top model) para mostrar su rechazo a la guerra, se vista de ucraniana, como un violinista tocando para parar la tormenta. Que ‘bolivariano’ haya dejado de ser un insulto, desde que USA compra petróleo a Maduro. Que aquí en España tengamos los curas mas virtuosos del mundo, pues hay unos 500 casos de pederastia, frente a los de Francia, Canadá o Alemania, donde se cuentan por decenas de miles.

Qué raro todo. Estamos asistiendo también al ascenso de la ultraderecha española a los gobiernos. Oyendo la hojalata abollada de su discurso fanático, con su oratoria de vendedor de mercadillo. Hace unos años, pocos, una pelea de perros habría tenido más público, pero algo cambió (quizá se nos pasó el efecto de la vacuna antifranquista) y hoy es un espectáculo de masas enloquecidas.

Vemos a los ricos que ya no disimulan que su patria no va mas allá de su bolsillo. Patricia Botín ha dicho que ella incluso ha bajado la calefacción de su casa. Qué gesto para la posteridad.

Hoy ya somos meras aplicaciones y hemos aceptado la precariedad laboral como el precio que impone la modernidad. “Al menos tienes trabajo” dicen, aunque sea un trabajo infame y mal pagado. Es la mierdificación del mercado laboral. Todo está bien. Y si eres pobre es por tu culpa.

Superamos día a día el límite de lo tolerable. Si no, espera a abrir el periódico mañana. La mentira viaja a toda velocidad por autopista y la verdad va en bici cuesta arriba.

Derecha e izquierda son ya conceptos líquidos. Es mejor decir arriba y abajo. O mejor, dentro y fuera.

Bueno, pues pese a todo sigo creyendo en la bondad y en la razón. Y en la verdad. Pero eso sí, mejor indignado que indigno.

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Comentarios (1)

Juan Blanco Hace 4 meses
Que rabia da (al menos a mi), tantas personas viendo y viviendo una injusticia creciente y no saber como pararla. Y a quien habla y la denuncia,... el vacío, el silencio. ¿Hasta cuando? ¿Hasta que los mudos griten y los muertos salgan de sus tumbas?
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