Matones en la red

Estos comandos digitales se atrincheran y disparan contra todo, con las balas de su vileza, las granadas del encono y las minas del desprecio

JOSE PETTENGHI ARTICULO

Pepe Pettenghi

Biólogo y profesor.

Matones en la red
Matones en la red

Hay tipos que usan los talentos de la informática para injuriar y difamar. Suele ser gente seductora. Con cierto brillo social y con un perverso don para manipular y engañar. De ahí su toxicidad. Están ahí, muy cerca, justo detrás de tu pantalla, dejando un rastro de escombros producto de su espíritu destructor. 

Han perdido el sentido de la medida y ya no saben distinguir dónde acaba un acto criticable, de la esfera pública, y dónde empieza el ataque personal, del ámbito privado. Estos comandos digitales se atrincheran y disparan contra todo, con las balas de su vileza, las granadas del encono y las minas del desprecio. 

Les da igual aplicar su sarcasmo bilioso a personas ya fallecidas, chismorrear remotas historias familiares y repintar con brocha gorda ciertos asuntos personales. Su objetivo es el prójimo. Y su destinatario, un coro de adeptos que aplaude descalificaciones, infundios y calumnias. Adeptos, eso sí, escondidos bajo seudónimos briseidos y ridículos. El insulto y la ridiculización que corren por estas redes fecales generan mucha camaradería hacia dentro… 

A veces pienso que son como los cortapichas, esos insectos que viven en el moho y en lugares húmedos y oscuros, debido a su rechazo a la luz. 

Siempre están ahí, detrás de un cuadro, lejos de la luz, roe que te roe, enjuiciando a los demás con su espíritu retorcido de hincha -lo que me gusta a mí es lo bueno; lo demás no vale un céntimo- que todo lo sabe y todo lo juzga. 

Seguro que de chicos ya eran envidiosillos, chismosos y soplones. Ahora, de mayores, pierden el tiempo y su vida rastreando por las redes lo que les molesta y recalentando su lado oscuro, sin saber que lo suyo sólo es la salida de emergencia de la mediocridad. 

Llamar periodismo al chismorreo, el sarcasmo y el insulto es como decir que el gotelé también es arte

No hay que hacer caso a quienes quieren reducir a cenizas el debate y la crítica honesta y cabal. No seguirles el juego, no reírle las gracias (a costa de los demás), no ser cobardes. 

Y no ser cómplices. 

 

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