Una gala de 'Operación Triunfo'.
Una gala de 'Operación Triunfo'.

Con algunos productos televisivos de masas resulta fácil moverse entre la crítica, el desprecio o directamente la indiferencia. Incluso cuando Operación Triunfo era un fenómeno social con récords históricos de audiencia allá por 2001/2002, el éxito de público rara vez se convertía en uno de crítica, incluso por parte del que aquí escribe. Ahora, cuando OT es un gran éxito pero restringido a un público muy joven, el desprecio parece aún mayor. Así que necesito saldar mi cuenta y salir del armario como defensor del valor de este programa, que lo tiene y mucho desde un punto de vista televisivo, musical, y hasta social o político.

Porque, de entrada, Operación Triunfo es uno de los poquísimos programas de la televisión actual dedicados a la música y con música en directo, y probablemente el que más en serio se la toma. Echando un vistazo a cualquier gala, uno tiene claro que el equipo creativo detrás del programa tiene una clara voluntad de crear performances musicales con valor real y, uniéndolas, componer un espectáculo televisivo de primer nivel. Si tienen dudas, observen la interpretación coral del “Forever Young” de Alphaville a cargo de concursantes y profesores en la última emisión del programa. El talento y una clara voluntad de hacer algo más que un mero chicle audiovisual se dan la mano.

Evidentemente, en este espectáculo abundan canciones actuales con marcado carácter comercial que pueden no ser demasiado del gusto de un público más maduro. Sin embargo, quizá no reparamos suficientemente en el valor de que el jovencísimo público mayoritario del programa haya tenido la oportunidad de conocer, a lo largo de sus tres últimas ediciones, a artistas como Frank Sinatra, Víctor Jara, Lou Reed, Luis Eduardo Aute, Ray Charles, Triana, Stevie Wonder, Antonio Vega, Elvis, Camarón, The Clash, Extremoduro, Al Green, Patti Smith, Chavela Vargas, Aretha Franklin, Jorge Drexler, Silvio Rodríguez, Prince, Joan Manuel Serrat, David Bowie, Florence and the Machine...

En la última emisión del programa, a uno de los concursantes le tocó interpretar La leyenda del tiempo, sublime tema de Camarón de la Isla, que parte además de la musicalización que el productor Ricardo Pachón llevó a cabo sobre versos de Federico García Lorca. El concursante, Hugo, un joven cordobés de 20 años al que algunos fans consideran “el Justin Bieber español”, es a priori un intérprete insospechado para esta mítica canción —de hecho, probablemente le venía un poquito grande—. Pero la gran sorpresa surge cuando el chico sabe a priori muy poco sobre Lorca y, más específicamente, desconoce cuándo, cómo y por qué muere. Y entonces surgen críticas al programa. Pero, qué demonios, OT consigue con todo esto que un público jovencísimo escuche a Camarón, entienda que puede ser tan cool como lo último de C. Tangana, lea a Lorca, conozca su vida y con ello también la historia de este país... ¿Alguien da más?

Hay que tener en cuenta, además, la diversidad de sus concursantes, como diversa es la juventud española. Si Hugo tenía lagunas culturales importantes —pero también mucha curiosidad para solventarlas—, otros concursantes como Amaia, Alfred, Dave o Eva han dado muestra de una cultura musical digna de alabanza. Y si no lo creen, escuchen la magnífica charla TED de Dave Zulueta que ese ojito derecho mío llamado TEDxCádizUniversity tuvo la suerte de auspiciar. Los asistentes que solo conocían tópicos acerca de Operación Triunfo no daban crédito al coco privilegiado y la cultura musical de este majísimo chaval de 21 años.

Pero, más allá de lo musical, podemos hablar de cuestiones sociales y hasta políticas. Porque el programa, a lo largo de estas tres ediciones recientes, ha sufrido polémicas frecuentes que han generado debate en torno a aspectos tan diversos como el bullying, la homofobia, la gestación subrogada o la tauromaquia. Cuando han surgido, automáticamente han aflorado críticas que pedían la expulsión de un determinado concursante o, directamente, la cancelación del programa. Sin embargo, estas polémicas hablan de nosotros, de nuestra sociedad y su diversidad, y simplemente revelan los debates y conflictos sociales y políticos que en ella habitan.

En relación con estas polémicas, el programa parece tener una línea editorial clara. Usando un término de moda, no es equidistante en estas polémicas, sino que toma partido. Pero lo hace, y creo que es algo de lo que todos podríamos aprender, hablando. Este año ha habido acusaciones de bullying, homofobia, etc. hacia algunos concursantes. Por ejemplo, el concursante Jesús Rendón comenzó el concurso con actitudes poco amistosas hacia algunos compañeros y, sobre todo, con algunas expresiones que parecían denotar homofobia.

A partir de ahí, quejas y peticiones de expulsión por parte del público. Y el programa no se mantiene al margen ni se declara imparcial; toma partido. Pero su forma de gestionar el conflicto es digna de elogio: se habló con el concursante, se le explicó lo que estaba haciendo mal, el concursante pidió disculpas a sus compañeros, asistieron todos a una charla sobre diversidad afectivo-sexual a cargo de Paco Tomás, y la situación fue cambiando radicalmente. Y así, con pedagogía y con la palabra, el programa ha ganado muchas más batallas que mediante la represión o directamente la expulsión. Y esto también es un aprendizaje para una sociedad como la nuestra. Y más para un público eminentemente joven. Y aún más en los tiempos que corren.

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