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Si ya participaba poco en (y de) Podemos, la defenestración de Sergio Pascual es el último empujón que necesitaba para cuestionármelo todo y del todo. Otra decisión abrupta, arbitraria, destinada a concentrar aún más poder en las manos del -ahora si-todopoderoso Secretario General.

La decapitación de Pascual no es justa, ni creo que tan siquiera pretenda parecerlo. La hipótesis de la gota de agua (fiascos catalanes y vascos) no me parece creíble, no hay ni contingencia ni continuidad, creamos, por tanto, al propio Pablo Iglesias y demos por bueno que todo se debe a lo sucedido en Madrid. Sé que no soy el único que piensa que Pascual ha pagado el pato de la nefasta gestión de Luis Alegre en Madrid, desaparecido durante meses, resurrecto una vez alguien le ha hecho el "trabajo sucio". Y todo ello sin pararnos a pensar en las formas (casi rozando lo estalinista) y en las consecuencias previsibles (el encumbramiento de Mayoral y Montero).

Tampoco soy el único en pensar que Pascual simplemente asumió los errores y sinsabores heredados de Vista Alegre en el amargo papel de 'poli malo' que le tocó hacer. Quedó encargado de controlar el crecimiento y dirimir disputas o canalizar demandas y denuncias. Si no fuera simplemente hipócrita resultaría paradójico que lamentemos su marcha gente como yo mientras la celebran por todo lo alto aquellos otros a los que protegió, en demasiadas ocasiones por afinidad sindical.

Pascual cae e Iglesias usa por primera vez su todopoderoso dedo presidencial, algo que aplauden hasta los Anticapis, la única corriente/movimiento permitida y que hasta hace poco le atacaban hasta lo cansino. En todo caso, los que ya éramos huérfanos ahora nos quedamos incluso sin padres adoptivos. Porque Errejón y Pascual eran eso, el lazo que nos unía a muchos a un Podemos cada vez más radicalizado. Un Podemos en el que empezamos a sobrar la gente como yo. Un Podemos que compara sin ruborizarse a sujetos como Bódalo con alguien de la talla de Miguel Hernández.
En estas circunstancias cada vez con mas frecuencia me sorprendo pensando: ¿Que pinto yo en Podemos? ¿Representa mi voz a alguien? ¿No estaría mejor en otro sitio?

Para algunos, en Podemos he cometido muchos "delitos ideológicos", mucho mas graves que la minucia de agredir a un concejal. Que yo defienda la necesidad de la  propiedad (y sobre todo la iniciativa) privada me ha costado no pocas acusaciones de "Topo de Rivera" y "Tóxico", a pesar de que tal cosa, la propiedad privada, se reconoce en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, una de las bases éticas y políticas del Partido. 

Algo parecido me solía pasar al mostrar mis preferencias por el Trabajo Garantizado en lugar de las propuestas de Renta Básica Universal. No soy el único con tales planteamientos, ni soy tampoco al único que se acusa de "burgués", "academicista decadente"o "cientifista".  Quienes suelen lanzar tales acusaciones representan solo a una parte del partido, que se arroga la representación del total, y trata de reconducir Podemos hacia la lucha de clases y la colectivización de los medios de producción. Y parece que lo logra porque "el grupo promotor" ha estado siempre más centrado en la estrategia electoral que en la construcción ideológica o identitaria.

Y  la ausencia de una identidad definida, es el problema de base. Lo que era una herramienta electoral (no definirnos, huir del eje izquierda-derecha...) se vuelve en nuestra contra, o por lo menos en la mía. Voy a darles la razón a esos que me tachan de "academicista decadente". Hay un problema ideológico subyacente al identitario. No puedo sentirme parte de algo que vá, a mi juicio contra la razón, me explico.

Hace relativamente poco  Jean Bricmont ha vuelto a poner sobre el tapete uno de los problemas fundamentales de los movimientos "progresistas" o de "izquierdas", el posmodernismo, y su "manía" de creer que la realidad se puede modificar solo con que haya un acuerdo entre los participantes de tal realidad. Un artificio intelectual, sin base empírica alguna, que impregnó a las ciencias sociales hasta que el propio Bricmont y Sokal señalaron públicamente -y con bastante mofa y escarnio- lo absurdo de sus propuestas.

Del mismo modo, mientras algunos clamamos por una construcción identitaria basada en los hallazgos de gente como Lakoff, desde el partido nos siguen machacando con Laclau. Lakoff tiene mucho que ver con las victorias de Obama y los méritos de Laclau se circunscriben al "nuevo populismo" latinoamericano. 

En otras palabras, ¿Que pinto yo en un partido en el que se glorifica Marinaleda y aborrece de Torrelodones? En un partido que parece querer ser Uruguay en lugar de Dinamarca. 

Me fuí apartando de todos los Círculos en los que participaba a excepción de aquellos tan relacionados con mi trayectoria profesional que a veces me cuesta diferenciar la política del trabajo. No soy el único en tal situación. Se han perdido por el camino talentos infinitamente superiores al mío (Torres me duele mucho, por ejemplo).

No sé hacía dónde camina Podemos, ni si yo mismo seguiré mucho tiempo sus pasos. Este impass prorrogando el tiempo electoral no nos permite definirnos ideológicamente y eso es cada vez mas intolerable para los huérfanos como yo.

No quiero estar en el Partido de Bodalo o Rodriguez. Ni en el que expulsan con modales estalinistas a Pascual. Y sin embargo me engaño a mi mismo constantemente, pero el relato de lo provisional y la coyuntura electoral cada día es menos creíble. Huele a purga. Y a Gulag. Y la propuesta de "atarse los cordones" de Echenique no sólo no ha conseguido ilusionarme, de hecho sus propuestas me asustan más que ilusionarme. Convertir los Círculos Sectoriales en "reclutadores" de técnicos o achacar el vaciado de los territoriales al "machismo activista" me desanima.

Según el propio Echenique hay que abrir el debate y escuchar a la "disidencia". A ver como concilia eso con la inyección de poder que han recibido los Anticapis. Con una ley electoral realmente justa mi propia disonancia (voto útil) no tendría sentido, habría margen para que otras alternativas, más definidas ideológicamente, tuvieran representación parlamentaria, de momento, toca sufrir y ante el sufrimiento solo queda apartarse de su fuente.

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