Edu Galán, en el musical de 'Mongolia'. FOTO: MANU GARCÍA
Edu Galán, en el musical de 'Mongolia'. FOTO: MANU GARCÍA

Edu Galán es un puto mongolo. Y estoy seguro de que esto no le molestará porque él es un firme defensor de la libertad de expresión. Y porque curra en revista Mongolia, claro, y le viene como anillo al dedo. El adalid de lo políticamente incorrecto dentro del medio de comunicación más libre y políticamente incorrecto que hay. El último bastión de la prensa que promueve la libertad de expresión más absoluta. Edu Galán no se ofende por nada en absoluto porque de hecho él defiende su libre ejercicio a ofender en democracia y libertad.

Entonces, Edu Galán, como habíamos quedado, es un puto mongolo. Un señoro puto mongolo. Un mongolo como la copa de un pino; ofendidito, primero, porque Beatriz Gimeno defiende que el sexo debe acompañarse con empatía. Que vaya locura, ¿eh? Sexo con empatía. Eso al mongolo de Edu Galán (de nuevo, no se molestará porque él defiende la libertad de expresión a tope) le parece una locura y lo califica de “delirio catecumenal”. Ya nos dejó claro su rollo al defender la canción de Def con Dos que hablaba de que las feministas eran unas puritanas porque no quieren salir con tipejos como él. Porque claro, defender la empatía es de moralistas católicas. ¿Qué será lo próximo? ¿El deseo? ¿El consentimiento? A mí me parece que deberíamos incorporar la empatía a todo lo que hagamos en nuestra vida: decir las cosas con tacto, poniéndose en el lugar del otro, hace de las malas noticias algo menos malo.

Igualmente, en el sexo o en cualquier trato personal, un poco de empatía ayuda para escuchar al otro o la otra, saber si le está gustando lo que hacemos, ver hasta dónde quiere llegar y dónde no. Yo la empatía se la recomiendo al señoro Edu Galán también en su relación con los trabajadores de su medio. En su relación con la frutera, la médica o la enfermera que le trate. A veces ponerse en la otra piel ayuda a comprender las cosas que suceden y que a veces nos molestan.

La empatía en el sexo tiene mucho que ver con el consentimiento y el deseo, ingredientes esenciales para que las relaciones se den con mutualidad, en igualdad, y los hombres no pasemos los límites que nos marcan las mujeres. Por eso resulta sorprendente el enfado del bocachanclas de Edu Galán (que no se molestará por mis improperios ya que es prácticamente el Cid en esto de la libertad de expresión) cuando se pone como un miura con el asunto de la libertad de expresión. Y da miedo, claro. Miedo de cómo serán sus relaciones con las mujeres. Sobre todo después de que llegue el segundo motivo por el que defiendo que Edu Galán es un mongolo: se molestó mucho con Raúl Solís por indicar que quienes están en contra de la empatía en el sexo son potenciales agresores sexuales. (Spoiler: a mí también me lo parece.) Y se molestó de nuevo con Beatriz Gimeno (la ha tomado con la señora) por hacer un like al comentario de Raúl Solís. Dijo que la nueva directora del Instituto de la Mujer, con su like, estaba atacando su libertad de expresión.

Sí, sí, han leído bien. No, no es ningún fake. El puto Jedi de la defensa de la libertad de decir todo lo que le salga de los huevos se ofende ahora por un like, por un maldito like, que supuestamente le está oprimiendo. Él no oprime con sus privilegios de hombre cuando ejerce el sexo sin empatía en la cama pero una señora que le hace un puñetero like a un puñetero tuit le está quitando su libertad de expresión. ¿Es o no es un doble rasero demencial del abrazafarolas de Edu Galán?

A mí me parece que Edu Galán es un impresentable. El Pérez Reverte progre que se va con el Pérez Reverte Original a hacer de chulo de barra por los bares pijos de Madrid. Pero no le digáis que es cultura de la violación, que se enfada. No se puede defender la libertad de expresión a chorro y sin límites y luego ser un ofendidito cuando le dan a un like a un tuit donde te critican. Al final va a resultar que todos los señoros que quieren seguir haciendo chistes de gangosos, machistas, homófobos, racistas y clasistas son los primeros en tener la piel muy fina cuando se les tose. A llorar, a la llorería.

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