Una manifestación de pensionistas en Jerez, en una imagen reciente. FOTO: MANU GARCÍA.
Una manifestación de pensionistas en Jerez, en una imagen reciente. FOTO: MANU GARCÍA.

Más que ser es intentar y sentir el fracaso. Porque siempre hay una lucha colectiva o individual que mejorar. Porque la lupa es inmensa. Porque el boicot es constante como una gota que no cesa. Porque nos necesitan esclavos, necios, sordos y entregados. Porque a más libertad mayor responsabilidad. Porque en el reparto los poderosos se sienten atacados. Porque, a veces, los vicios del ser humano y sus vilezas son muletas confortables y nos volvemos cínicos. Por creernos más que nadie. Porque es más fácil no asumir que tus inicios salieron del confort mientras otros del barro. Porque es fácil olvidar la pobreza y el pasado al conseguir un éxito que atribuyes exclusivamente a tu individualidad.

Porque no nos gusta asumir que sin el otro es imposible conseguir nada, imposible. Porque la envidia, el ego y la soberbia te tapan tus defectos, las miserias y nos reconforta. Porque es difícil asumir que tu hermano o tu vecino es un poeta. Porque si ellas dejan de ser esclavas no conviene. Porque la igualdad reduce tus ingresos. Porque obliga a la formación constante. Porque nos hace asistir y a sentirnos cara a cara. A enterrar a los mitos y a los héroes. A ver a un animal por igual. A esforzarse por el planeta. A desenmascararnos sin remedio. A no delegar. A opinar. A no silenciarnos. 

A salir a la calle con indignación y huir de tu zona de confort. A empuñar un arma ante la injusticia. A mirar y a no cerrar la puerta porque hace el frío antártico de la injusticia. Ser de izquierdas es no negar la historia; no la de los ricos sino la de los pobres. Ser de izquierdas es un constante sufrimiento, lleno de sin sabores. Apostando siempre por la empatía. No queriendo esbirros ni palmeros. Ser de izquierdas es una empresa interminable donde no existen sacerdotes del perdón, donde solo tu podrás perdonarte, solo tú. Ser de izquierdas es cansado porque nunca se es demasiado solidario ni resolutivo. Porque solo podemos ser piedrecitas en una balanza llena de pirámides.

Porque las armas, el dinero y los medios los tienen ellos y porque ir en contra de la corriente de un río que busca el mar donde naufragan los niños es señalarte. Lo otro es fácil, no supone un reto, solo resignación; habitar cárceles de oro. Degustar jerarquías confortables, sentir adoración por el vacío del poder y creer, sin reflexión, que el hombre está destinado al fracaso y la maldad. Que todos somos enemigos. Rodeados de dioses de carne y hueso que resuelven por nosotros nuestro potencial intelectual. ¿Ser de izquierdas? Al menos inténtalo. Con toda la dignidad que puedas.

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