El Día de los Inocentes, sí. El día de las bromas de cámara oculta a futbolistas a cambio de un ramo de flores. El día, también, de las noticias falsas, aunque no mucho más que algunas otras del resto del año. Hoy mismo. En esta fecha "celebramos" una festividad con una larga tradición y popularidad que, como muchos sabrán, nació para homenajear a los Santos Inocentes, un grupo de niños masacrados por orden de Herodes según la Biblia. Muy probablemente se nos pueda hacer extraño. No me refiero a concebir tales hechos como un motivo de dicha o conmemoración en la actualidad, que también, sino al propio nombre: Día de los Inocentes. Se supone que los inocentes, además de ingenuos, son aquellos que están libres de culpa, personas cándidas, sin rastro de malicia en su personalidad.

Sinceramente, no sé quiénes serán, pero dudo que políticos. Vivimos en una sociedad marcada por la envidia, el odio más extremo y la falta de moral, pero aunque sea domingo no han venido ustedes a que le expongan una homilía y poco he de comentar al respecto que ya no sepan. De todos modos, el que esté libre de pecado, ya sabe lo que debe hacer. Pero, en unos tiempos en los que la culpa recae tantísimo en los ciudadanos (que si somos unos vagos, que si hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, que si nuestra mentalidad es usurpadora por naturaleza...), es el momento de señalar a los principales culpables. Aquí a quienes hay que poner esa etiqueta no es únicamente a los contribuyentes, sino a aquellos que dejaron de formar parte de esa ciudadanía para participar de la estructura de una élite que ha creído vivir al margen de las leyes. La culpa no fue del cha-cha-cha, ni lo fue tampoco de estos curritos; la culpa es de una parte importante de la clase política que ha manejado nuestro dinero a su antojo y en función de sus intereses. Y nosotros aquí, con la cara de tontos, escuchando a nuestro preparadísimo rey diciendo que hay que "cortar de raíz la corrupción".

Que está muy bien, sí, pero la pena es que estas consignas son soltadas al aire sin que nadie recoja el mensaje, porque es evidente que a todos nos indigna, pero tampoco podemos hacer demasiado desde nuestra posición para evitarla. O sí. Bendita sea la crisis, pues gracias a ella ahora vemos destapados tantos casos de corrupción que antes estuvieron ocultos. Y no es que hayamos vivido años en la ignorancia, pues aquí todos nos podíamos hacer una ligera idea de que había ciertas personas amasando fortunas con nuestra pasta, esos que ahora se escudan en la palabra corrupción, como si ésta fuese un problema del sistema en sí más que de ellos mismos. Sabíamos algo, aunque tampoco mucho más y ya estamos cansados de tanta tarjeta opaca y cuentas en Suiza, Andorra o Liechtenstein. El dinero público se debe administrar para los fines legalmente previstos, como también recordaba Felipe. Pero todo esto ellos lo saben de sobra aunque quieran tomarnos por imbéciles. Sin duda, habrá que renovar muchas cosas, aunque por suerte estamos a escasos días de entrar en un nuevo año en el que tenemos la oportunidad de hacerlo. Intentarán engañarnos contándonos que fueron casos aislados, que lo sienten mucho, se han equivocado y no volverá a ocurrir. Nos dirán que no tenían constancia de que gastaban varios miles de euros que no eran suyos en artículos de lujo.

Dirán también que hay brotes verdes tras una etapa en la que la economía se ha visto castigada por una recesión de la que ya nos culparon, por el piso en Valdelagrana de nuestro vecino y por algún que otro polo de marca que compramos en lugar de heredarlo. Quieren hacernos sentir culpables de que se hayan esfumado los jurdeles, cuando de lo que tenemos la ocasión es de sentirnos verdaderos responsables de una elección acertada en las urnas, culpables única y exclusivamente de la marcha de aquellos que se han apropiado de lo que no era suyo. Tengamos la culpa de mandarles a casa, para que así dejen de percibir que están un escalón por encima de nosotros y noten los problemas del día a día de cada ciudadano. No olvidemos que esos supuestos inocentes son los que dicen que la crisis "es historia del pasado", que uno ya no sabe si es ignorancia o simple tomadura de pelo. Tampoco sería de extrañar lo primero, que hace unos años tuvimos un presidente que no sabía lo que costaba un café en la calle y ahora otro que se pensará que aquí todos han cobrado su nómina completa y recibido su cestita de Navidad, paleta ibérica incluida. Cuidado, porque el Día de los Inocentes es hoy y nada más que hoy. Que no nos tomen por inocentes el resto del año, que ellos tampoco lo son tanto.

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