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Paz y tranquilidad. Es lo que se siente, sean fervorosos seguidores de la Semana Santa o no, jartibles forofos de los Carnavales o de la Feria, etc etc etc, cuando estos eventos acaban.

Paz y tranquilidad. Es lo que se siente, sean fervorosos seguidores de la Semana Santa o no, jartibles forofos de los Carnavales o de la Feria, etc etc etc, cuando estos eventos acaban. Es como una sensación de equilibrio recobrado tras los redobles de tambores, las aglomeraciones y los excesos alcohólicos y gastronómicos de algunos.

A mí, que soy más de Feria del Caballo aunque cada año que pasa la voy pillando con menos ganas, siempre me embargó una sensación de satisfacción al término de la misma, como si hubiera estado a la altura y cumplido un trabajo que nadie me exigía y por el que no solo no cobro, sino que además derrocho lo poco que tenía. Ahora al menos tenemos un paréntesis merecido de casi un mes entre fiestas, que muchos aprovecharán para pasear al sol y broncearse en las playas más cercanas. Y es que la primavera en Andalucía es así, de fiesta en fiesta y tiro porque me toca.

Pero mientras tanto insisto, y sin ánimo de ponerme cursi, es una delicia pasear con el sol del mediodía y el canto de los pájaros, dulce melodía que sustituye al estruendo de las procesiones. O al chunda chunda y "despacito" que nos esperan en el Real, poco después de que nuestros oídos apenas se hayan terminado de acostumbrar a otro tipo de caballos, los de las dos ruedas.

Sinceramente, creo que me estoy haciendo mayor.
 

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