mapa-andalucia.png
mapa-andalucia.png

"Catalogamos a las personas por si cecean, sesean o por si se comen alguna letra. Ya con eso sabemos si están dentro de los pijos, de los catetos, de los cultos, de los incultos..."

Todos a una. Así reaccionamos los andaluces cada vez que alguien se mete con nuestro acento. Es como cuando se meten con tu hermano. Tú puedes pelear con él pero que nadie le toque. Pero de alguna manera es una respuesta hipócrita. El acento andaluz nos une, pero también nos desune, y mucho. Nuestra manera de hablar siempre genera polémica de Despeñaperros para arriba. En los últimos tiempos se ha comprobado con la metedura de pata del cónsul de Washington, con la presentación de la versión andaluza de El Principito o con la desaparición del acento de los presentadores andaluces cuando trabajan en alguna cadena de televisión que no sea Canal Sur (aunque esta última viene de lejos). Por no hablar de cada vez que nos escucha hablar alguien de fuera de Andalucía y nos catalogan de graciosos. En esos casos casi todos los andaluces nos unimos. Cuando se meten con nuestra forma de hablar, la defendemos y cuando desaparece nuestro acento, lo reclamamos.

Pero el andaluz también genera polémica de Despeñaperros para abajo. Para defender lo anterior las ocho provincias tienen que respetarse y eso no siempre ocurre. ¿Nunca un gaditano se ha reído del acento cordobés, o un sevillano del almeriense, o un onubense del jienense? Es algo que sucede a menudo. También ocurre dentro de una misma provincia. Cádiz es un claro ejemplo. Catalogamos a las personas por si cecean, sesean o por si se comen alguna letra. Ya con eso sabemos si están dentro de los pijos, de los catetos, de los cultos, de los incultos... Con esa falsa inteligencia nuestra nos dividimos y no nos respetamos. Caemos en la trampa de lo que defendemos.

En lugar de considerar las variantes del andaluz o del gaditano como algo positivo, que enriquece y que forma parte de la cultura de la comunidad y la provincia, lo utilizamos para atacar, para burlarnos de nuestros paisanos y creamos falsos estereotipos. Hay que defender el hablar de forma correcta, pero nadie debería dejar a un lado su acento y una cosa no está reñida con la otra. Empecemos a respetar el habla andaluza y entonces será cuando podamos pedir que los de fuera lo hagan.

Archivado en:

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído