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¿Está regida la sociedad en la que vivimos por el sentido común? ¿Dónde está la sensatez en los discursos públicos, en los programas televisivos, en el modo en que los padres aconsejan a sus hijos a invertir sus propias vidas?

En la Sierra de las Nieves, cerca de Genalguacil, vivía un solitario al que daban por loco en las aldeuchas del entorno. Yo estuve en su casa desnuda. Ramón el de los Perros, que así lo llamaban los pocos que se cruzaban con él, no atendió a nuestra llamada aunque íbamos a socorrerle. Su familia no sabía nada de él y él no quería saber nada de su familia, aunque, según decían, andaba con la salud quebrada y vivía con muy poca cosa (higos, moras, castañas). En la aldea pocas señales recordaban que alguna vez hubo vecinos en aquel paraje olvidado. Aquel día, lo recuerdo bien, pensé en la frontera entre el sentido común y la locura, y confieso que tuve una llamada oscura y tenebrosa a esconderme para siempre en aquella sierra de Málaga. A dimitir de la vida conocida. A olvidarme. Durante aquellos días, me asomaba a un pozo negro que me llamaba por mi nombre, como si me reclamara, y sentía entre la boca y la nariz un sabor a madera deshecha.

¿Dónde está la frontera entre la locura y la cordura? ¿Qué es cordura? ¿Qué es locura? ¿Está regida la sociedad en la que vivimos por el sentido común? ¿Dónde está la sensatez en los discursos públicos, en los programas televisivos, en el modo en que los padres aconsejan a sus hijos a invertir sus propias vidas?

Antiguamente se le llamaba alunado a quien se le creía poseído por la Luna y esta posesión le llevaba a realizar comportamientos extraños, incomprensibles, erráticos… como si viviesen en un mundo paralelo en el que rigiesen unas normas absurdas y peligrosas. Alunados, poseídos, endemoniados, locos. Un peligro para la sociedad.

Tengo para mí, sin embargo, que la línea que separa “normalidad” y “anormalidad”, más allá de la consideración estadística, es una línea endeble y engañosa. Todos en alguna ocasión nos hemos comportado de manera absurda, extraña. Por esto debemos ser más cautos y más respetuosos con los trastornos mentales. Hacer un esfuerzo por entenderlos en el contexto en el que aparecen porque muchas veces –si no todas- el síntoma tiene un significado próximo pero apunta a un sentido lejano. Encontrar el sentido del síntoma en el contexto en el que surge y al que sirve es el primer paso para que nuestra ayuda sea eficaz. Poner etiquetas a los trastornos mentales (neurótico, depresivo, tdah, esquizofrénico, histérico…) no sirve para nada… más que para tranquilizar nuestra posición en el mundo elevando un muro infranqueable frente a lo Otro. ¿Y acaso lleva Lady Gaga una vida más plena, más de verdad, más humana que Ramón el de los Perros? París Hilton, Putin, Kim Jong-un, Mohamed bin Rashid Al Maktum, Belén Esteban…y Ramón el de los Perros: ¿quién de ellos lleva una vida  –por decirlo así- más propiamente humana ajena a egolatrías, oropeles y ambiciones? ¿Quién es el alunado?

Hay una locura sensata y mucha insensatez en algunas supuestas corduras.

www.psicoterapiajerez.es

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