Blas Infante, en una imagen de archivo.
Blas Infante, en una imagen de archivo.

Durante el pasado 28 de febrero se han celebrado todos los homenajes, actos académicos, o conferencias de rigor, tal y como corresponde con esa fecha. En esta ocasión, además, las autoridades políticas andaluzas, así como diversos colectivos sociales y culturales han incrementado notablemente su actividad porque esta vez se cumplen cuarenta años. Una cifra redonda suele tener más eco mediático. Y más si son cuatro décadas, que para nuestra Historia es un número muy significativo.

Hasta ahí todo normal. Como toca. Las disensiones han sido las tradicionales: para unos es el Día de Andalucía, para otros no, porque es el 4 de diciembre. Sin embargo, esta vez ha vuelto a surgir la disidencia del partido con nombre en latín, coincidiendo con una efeméride andalucista, tal y como ocurrió el año pasado en agosto, con el asesinato de Blas Infante. Todo indica que nos tenemos que ir acostumbrando a que estos personajillos, politicastros, se dediquen a vilipendiar periódicamente a este andaluz. Y mientras tanto, el Gobierno puesto de perfil, porque sus cargos están comprometidos con ese partido. El ejecutivo ejerce el “tancredismo”, vaya que se enfaden y nos manden a elecciones.

Cuando leemos los argumentos de estos personajillos voceros, los que llevamos un tiempo estudiando a Infante nos invaden diversos sentimientos. Por un lado, recordamos a Iniesta, Lacomba, Acosta, de los Santos, Ortiz de Lanzagorta, Moreno Navarro, Aumente, Ruiz Lagos, Ruiz Romero, Pérez Trujillano, Cruz Artacho, Antonio Manuel, Medina Casado, a los miembros de la Fundación Blas Infante, o colectivos como el CEHA ... quienes desde hace más de treinta años estudian de forma rigurosa nuestro pasado autonomista, tal y como la Historia ordena: como científicos. En total, los citados y muchos más, que no menciono por razones de espacio —discúlpenme— han escrito y siguen escribiendo centenares de libros; han publicado numerosos artículos; han celebrado y celebran innumerables actos; y han dado conferencias con el único objetivo de dar a conocer al andalucista. La bibliografía sobre el andalucismo histórico reúne casi mil referencias. Está en la web de la Fundación.

Frente a los miles de páginas escritas, y las decenas de archivos consultados, esta gente aparece con la rigurosidad que otorga un tuit no superior a las 100 palabras, porque no hacen falta más. Pero es que no son capaces de escribir más sobre el tema. Son incompetentes para dudar de lo estudiado con serios criterios históricos. Y solo con el objetivo de mantenerse en el carguito, alimentar su ego y henchir aún más su pecho, lleno de estrellas y galones carcomidos, con el aplauso de los cuatro convencidos de turno.

Infante para el fascismo español del siglo XXI supone un gran problema. En su currículum no aparecen borrones “imperdonables” para ellos. No encuentran, por mucho que lo busquen, “motivos” para justificar su asesinato y su posterior recuerdo como Padre de la Patria Andaluza. Con las prisas, escriben lo que les sale de su ignorancia, y se inventan datos biográficos. O simplemente los reinterpretan, sin usar pruebas contrastadas. Mienten como bellacos. Todo sea por mantener el discurso prostituido. De eso se trata. Mantener mi puesto a toda costa, aparentando que soy muy listo y capaz de opinar y escribir sobre cualquier asunto. Luego, uno recuerda el poema Ladran de Goethe:

Cabalgamos en todas direcciones

en pos de alegrías y de trabajo;

pero siempre ladran cuando ya hemos pasado.

Y ladran y ladran a destajo.

Quisieran los perros de la cuadra

acompañarnos donde vayamos,

mas la estridencia de sus ladridos

solo demuestra que cabalgamos”.

Y al final, uno entiende que está ante unos politicastros, como decía Infante (a ver si así leen algo de él). Unos sujetos que ni siquiera merecen el esfuerzo de la respuesta. En este caso, no hay mayor desprecio que el silencio. Porque ¿cómo vas a confrontar con sujetos que escriben sobre temas que ni leen ni entienden? A pesar de ello, terminamos felices la jornada, sonriendo y tomando un sorbo del buen güiski escocés, envejecido, eso sí, en barricas de sherry jerezano y brindando por la libertad.

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