Tragedia en Marruecos: el terremoto deja al descubierto las carencias de su Estado

La sociedad civil, las ONG y la ayuda internacional suplantan la actuación de un país al que le está costando reaccionar tras el seísmo y poner toda su estructura para salvar vidas

Tragedia en Marruecos: vista de Amaziz, localidad a unos 50 kilómetros de Marrakech.
Tragedia en Marruecos: vista de Amaziz, localidad a unos 50 kilómetros de Marrakech.

Dos días largos después del devastador seísmo en Marruecos que se ha cobrado la vida de al menos 2.500 personas, el tema da para empezar a hablar de distintas ‘derivadas’. En primer lugar, hay que decir que Marruecos es un país en vías de desarrollo en el que la mayor parte de su población es pobre, desde luego, pero también tiene una importante élite que vive, disfruta –y gasta­– en niveles de renta similares a los de Occidente. Además, las remesas de euros que envían los millones de emigrantes que tiene en la Unión Europea (UE), sobre todo en Francia, España y Bélgica, ayudan a facilitar la vida de las familias en el país de origen.

Se trata de un país al que España, antiguo país colonizador de parte del norte del país, considera pública y oficialmente como amigo, aunque con algunas salvedades, por no decir abiertamente recelos, que van desde la emigración irregular a la reclamación de la soberanía sobre Ceuta y Melilla, entre otros temas. Además, Marruecos tiene una relación privilegiada con la UE –pese a los recientes roces que ha tenido con su otra potencia colonizadora, Francia– y, por supuesto, con Estados Unidos, de quien es socio preferente.

Y todo esto, al final, significa una cosa: dinero. Pero cuando ocurre una tragedia como la del terremoto en la cordillera del Atlas y Marraquech cabe preguntarse dónde está ese dinero, dónde está el estado que debería responder a sus ciudadanos. Hace bien España en enviar, al igual que otros países, fuerzas que ayuden en las labores de rescate de las personas que pudieran estar aún con vida debajo de sus modestas viviendas de adobe, ayudar en una situación como esta simplemente es un deber, pero eso no significa que no se pueda hablar de la situación que se vive en un país en la que su estado –una vez más se hace evidente– vive de espaldas a sus ciudadanos… palabra esta última, ‘ciudadanos’, que tal vez sea mucho decir, posiblemente sea más correcto decir súbditos.

Los propios vecinos afectados organizándose, el papel clave de las ONG sobre el terreno, el apoyo de otros países enviando bomberos o militares para el rescate y desescombro… todos están dejando al descubierto las costuras de un país en el que el estado, simplemente, demuestra no estar cuando se le necesita. Pero eso es algo sabido por todo Occidente, como que el rey, Mohamed VI, no estaba de vacaciones en París –ridículo que buena parte de la prensa española haya comprado ese mensaje–, simplemente reside allí buena parte del año rodeado de todo el lujo que pueda imaginarse. Un rey que casi tres días después todavía ha sido incapaz de ponerse al frente de la respuesta del estado marroquí frente a la catástrofe.

Archivado en:

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Lo más leído