Cuando sigue llegando un temporal tras otro y los embalses andaluces están rozando el 63% de su capacidad —y subiendo; el año pasado a estas alturas tenían 2.900 hectómetros cúbicos menos—, es el momento de hablar de la gestión del agua. De las infraestructuras hídricas pendientes. Y de la próxima sequía, que llegará.
Ahora, precisamente, es el momento de gestionar la siguiente sequía, no cuando esté encima. Es hora de dejar el cortoplacismo político que impera en muchas Administraciones y mirar a largo plazo. En un momento en el que los acuíferos están a rebosar y parece que sobra el agua.
Es el gran reto de nuestra sociedad actual. Y de Andalucía, especialmente, una comunidad en la que se encadenan largos periodos sin precipitaciones, cada vez más por los efectos del cambio climático. Aunque extrañe hablar de este asunto en pleno río de borrascas.
Porque hay que recordar que hace solo dos años, a la desesperada, Junta de Andalucía y Gobierno de España hasta plantearon la posibilidad de traer barcos con agua desalada a la comunidad andaluza de cara a la temporada de verano, cuando se multiplica la población por la llegada de millones de turistas.
En torno a la gestión del agua, a su vez, conviene hacer pedagogía. Porque son incansables los propulsores de bulos que hablan de que se malgasta, que se tira, cuando se ven imágenes de embalses desaguando. Y es necesario recordar que los desembalses son necesarios para mantener vivos los ríos, y que esa agua acaba en acuíferos, en otros embalses de mayor capacidad o en la red de abastecimiento de las ciudades, antes de llegar al mar.
Un debate recurrente
El debate se repite recurrentemente: ¿necesita Andalucía más infraestructuras hídricas? El PP, que gobierna con mayoría absoluta en la comunidad, insiste en exigirle al Gobierno central hasta ocho presas pendientes de ejecución, además de desaladoras y canalizaciones esenciales para mejorar el aprovechamiento del agua.
Sea como sea, hay que llegar a la próxima sequía con los deberes hechos. Ahora que los embalses andaluces están recuperados, que el abastecimiento está garantizado, y que hay margen para planificar futuros periodos de escasez. Para contar con infraestructuras de almacenamiento de agua, pero también para impulsar proyectos de reutilización y desalación de agua.
La Junta de Andalucía destaca que en la actualidad se cuenta con 221 hectómetros cúbicos de recursos hídricos más al año —incluidas aguas regeneradas y desaladas—, respecto a 2019, gracias a las obras de infraestructuras hidráulicas ejecutadas por el Ejecutivo andaluz desde entonces.
Pero conviene no dejar de mirar al campo, para mejorar la eficiencia del agua de uso agrícola y ganadero, con sistemas de riego más modernos y eficientes, más tecnológicos, y mejores canales de distribución. Todo para que, cuando llegue la próxima sequía, no haya que lamentar lo que se pudo hacer y no se hizo.
