Me llama la atención la proliferación de franquicias de centros deportivos como si fueran setas (o fruterías, la anterior burbuja).

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orion. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhauser. Abrir más gimnasios que personas hay en Jerez (o casi). No, no soy Rutger Hauer en Blade Runner. Tampoco un runner ni estoy en contra de los gimnasios. Simplemente me llama la atención la proliferación de franquicias de centros deportivos como si fueran setas (o fruterías, la anterior burbuja).

Me llamó la atención el día en que, paseando por Carrefour Norte, vi sus viejas salas de cine reconvertidas en una flamante tienda de una conocida marca de ropa deportiva que anunciaba además, en sus aledaños, ¿adivinan? Otra sala de musculación de alguna franquicia, justo al lado de los populares Viva Gym y no muy lejos de Activa Club y otro megagimnasio que acaba de abrir en Parque Empresarial y cuyo nombre no recuerdo. Sin contar los de barrio de toda la vida, que entonces no acabaríamos nunca. Y así a lo largo y ancho de todo Jerez, incluido aquel de Luz Shopping que cerró por sorpresa dejando a más de uno en la estacada. El caso es que haciendo la cuenta y exagerando un poco, casi me salía a gimnasio por habitante y no me extrañaría que llegara el día en que los sobrepasara, como ocurre con las bicis en Holanda.

Si serán rentables es algo que deberán saber sus propietarios. Supongo que habrá más de un tonto como yo que paga la cuota y luego se olvida de ir. Aun así no me salen las cuentas. Ni aunque todos los jerezanos estuvieran inscritos en alguno de estos centros. Además, yo conozco a gente que asegura no hacer ningún tipo de de deporte. Ya saben, he visto cosas que no creeríais ni en mil años. Y no hablo de la puerta de Tanhausser, sino de peña que pasa olímpicamente –paradojas de la vida- del crosfit, del aeróbic, del body pump, del spinning, del step y de lo que se tercie. Lo mismo están esperando a que empiece el nuevo año. O no. En mi caso, procastinador profesional (no sólo hay que dominar el inglés), pienso comenzar 2017 con fuerza. Como el año pasado. Que también lo pensé.

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