Real de la feria. La feria... ¿real?
Real de la feria. La feria... ¿real?

Hay niños cuyo sueño es ir a Disneylandia. El mío es ir a Domecqlandia. No el mundo de fantasía de Walt Disney, sino el mundo de fantasía de don Álvaro Domecq. Pasémosle la palabra al interesado desde la introducción a la web de su finca, a unos kilómetros de Medina Sidonia:

“Permíteme, amigo, que sea tu anfitrión en una España pura. Andaluza, cálida y serena. Mi tierra. Donde yo aprendí a escuchar antes que a hablar, a montar antes que a andar, a decir jaca antes que a decir soy. Caballos. Lo debes saber, caballos es mi vida; toros, mi capricho; bodegas, mi sangre y campo, mi libertad. Déjame que, en estas páginas, te enseñe cómo es mi mundo”.

Para quien esté interesado, don Álvaro organiza todo tipo de eventos en “su mundo”, su propiedad de Los Alburejos, a través de la agencia de viajes Torrestrella, para un turismo que suponemos de lujo (no cita precios). El objetivo, ayudar al forastero a paladear lo profundo de esta “tierra de olor, color y sabor. Tierra de los cinco sentidos. Si quieres conocerla, simplemente, ven. Si quieres amarla, ven conmigo”.

La finca ofrece espectáculos de equitación, acoso y derribo y rejoneo, con la intervención del propio Domecq. Además, se anuncian muestras de toreo, catas de vino, lecciones sobre el arte de venenciar y ambientación flamenca. Todo ello conformará una experiencia única: “Charlando al ritmo de una copa de vino, al son de unas bulerías, como tus propios deseos te den a entender”. Las instalaciones incluyen una plaza de toros y una arena cubierta para entretenimientos y banquetes, así como una feria.

Como lo oyen. Un recinto ferial privado con su portada y un buen número de casetas, cada una con “su sello de identidad” y “distinta gastronomía”, que ya querrían para sí algunos municipios. Allí usted o su empresa puede organizar su Feria de Abril particular en cualquier época del año, por un módico precio. Y, a diferencia de la mediocre feria oficial, esta tiene el potencial de durar lo que usted quiera. Disfrutará del mejor vino y la mejor compañía en su fiesta infinita. Los palafreneros de Domecq –según revelan las fotografías-  prestarán a su querida esposa un traje de gitana y la montarán en un purasangre de trote parsimonioso por la calle principal, cuantas veces desee. Todas las casetas funcionando sólo para usted. La experiencia jerezana definitiva.

Este grandioso simulacro es pregonado como la esencia de España, y, en particular, de la Baja Andalucía: “España no es un tópico. España es una verdad tan difícil de atrapar como el aire que respiras. España es una palabra y un misterio. Se entrega a ti y luego huye”.

Sólo mediante la agencia de Domecq podrá uno penetrar en el corazón de ese misterio insondable. Más allá de los tópicos, contemplará a los picadores en acción, “hablando de la bravura”, o al señor Domecq realizando el paso español con su uniforme de gala, y se olvidará de cualquier señal de desencanto que haya captado en el exterior ante las piruetas de su Carrusel de la Equitación Mágica. Esta y no otra es España. Las entrañas de un país, expuestas ante usted.

Porque, como dice Domecq, “la sencillez también es un lujo”.

Y no es el único. Fermín Bohórquez, en su Cortijo Fuente Rey, ofrece expediciones de caza mayor y menor y rutas de velocidad en 4x4 entre los campos de vid, para quien desee “la experiencia de llevar al límite un vehículo todoterreno”. Afortunadamente, “todo preparado para que solo os tengáis que preocupar de pasarlo bien y disfrutar de la ruta por paisajes que invitan a ello”.

Nos quejamos del escaso desarrollo turístico de la ciudad, pero estos dos casos indican que los atractivos del vino, el caballo y el flamenco son capaces de mover millones. Otra cosa es que ello se traduzca en mejoras infraestructurales y avances sociales, filtrándose hacia el ciudadano de a pie. No puedo evitar preguntarme quién o quiénes son los personajes que han optado por descubrir la pureza de España por esta vía. Quizás Lorca nos haya legado una pista en su Romance de la Guardia Civil Española:

“Detrás va Pedro Domecq

con tres sultanes de Persia”.

En cualquier caso, tendré que conformarme con esta España inauténtica y un poco cascada en la que tiendo a desarrollar mis actividades. Pero me consuela haber logrado comprender al tío de don Álvaro cuando decía que “un día fuera de Jerez es un día perdido en la vida”.

Si Jerez es eso que tiene montado en su cortijo, vaya que sí.

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