Un día en las carreras

Todavía no me quito de la cabeza a Juan Manuel Moreno girándose y abriendo los brazos a la vez que sonriendo como Elvis antes de dar la copa

Una imagen del GP de Jerez este fin de semana.

Este fin de semana, por caprichos del destino, acabé en la sala presidencial del circuito de Jerez. No iba a decir que no a la invitación. Si bien no soy aficionado a las motos, consideré que era algo que había que vivir, aunque fuese una vez en la vida de tener la oportunidad. Lo primero que se me vino a la cabeza fue aquella película de los hermanos Marx, Un día en las carreras (1937). Si no me acuerdo mal, eran carreras de caballos y Groucho era veterinario. Sin embargo, lo viví como a mitad de camino de Guateque (1968) con Peter Sellers.

Por supuesto, yo era Peter Sellers, invitado indeseado que andaba por allí como pollo sin cabeza. Que yo sepa, mi mayor liada fue tirar un plato sin querer al darle con la cadera a una mesa de una pata que empezó a girar. Hubiera vendido mi alma para que al final entrara un elefante por la puerta y se llenase el lugar de espuma, pero no fue el caso. En cambio, lo más surrealista que experimenté fue la vista en primera fila del podio y de Moreno Bonilla entregando el gran premio. Todavía no me quito de la cabeza a Juan Manuel Moreno girándose y abriendo los brazos a la vez que sonriendo como Elvis antes de dar la copa. Pensándolo ahora mejor, no estoy seguro de si cambiaría a Juanma Moreno por el elefante y la espuma.

La carrera transcurrió con normalidad. La verdad es que en el sitio no te enteras ni de la mitad. Y eso que hay varias televisiones, pero se suele estar más atento al guateque. Al final desde la sala solo se ve la salida y apenas dos curvas, de hecho, de lo de la casi caída de Marc Márquez me enteré al día siguiente. Es curioso que desde la puerta de atrás se ve más. Allí vi como al final de todo Marc Márquez recuperaba la cuarta posición. Durante la carrera de Moto2 un piloto se cayó en la misma curva, pero en ese momento justo me había dado la vuelta para volver a la sala. Al final, aunque intentes estar atento, eso son vueltas y vueltas y apenas notas cambios en la posición, dependes de la televisión.

Al día siguiente mis amigos me preguntaban cómo acabé en la sala presidencial, cómo era aquello y el más enteradillo ya me preguntaba que cómo caí dos platos. Curioso como va subiendo la apuesta de los platos, dentro de un año serán tres raciones enteras de croquetas. Las respuestas a todas estas preguntas desencadenan otra serie de preguntas aún más incómodas que dejaremos para otro día más oportuno. Lo único que voy a declarar es que ya no hay la cerveza esa que solía pedir Pacheco de la cual tenían un par de cajas reservadas.

 

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