Un seguidor de Trump, en el asiento de la presidenta del Senado. FOTO: Steven Nelson
Un seguidor de Trump, en el asiento de la presidenta del Senado. FOTO: Steven Nelson

Si tuviéramos que buscar una imagen que definiera el esperpento ocurrido el pasado miércoles en el Capitolio de Washington, probablemente la mejor sería la de Jake Angeli presidiendo el Senado de EEUU durante unos minutos. Este ególatra seguidor de Trump lo es también de la red Qanon, una especie de secta que domina las redes sociales predicando teorías de la conspiración, entre las que sobresale señalar a los miembros del Partido Demócrata y al propio Joe Biden como peligrosos comunistas miembros de una red de pederastia mundial.

Pero a pesar de sus grotesca apariencia no son gentes como para tomárselas a broma, su poder en apenas unos años se ha incrementado exponencialmente cada vez con más influencia en Twitter y Facebook. Pero es que además están fuertemente armados. Probablemente  una parte de los más de 70 millones que han apoyado a Donald Trump sean seguidores de Qanon, impulsada por ese peligroso ideólogo mundial de la extrema derecha que es Steve Bannon.

Bannon también dispone de su propio medio de comunicación digital, en el que se impulsa peligrosamente las teorías de Qanon a una parte importante de todos esos millones de votantes, que se las creen a pies juntillas. Por eso no debemos confundir el análisis, costará más o menos pero Trump se va a ir de la Casa Blanca, a pesar del peligro en el que nos va a tener sumidos estos doce días, no olvidemos que tiene en sus manos incluso el poder nuclear, pero el trumpismo ha llegado para quedarse, allí y aquí.

Nuestras democracias muestran sus debilidades ante este tipo de personajes e ideologías, porque la aparición de las redes sociales les abre un abanico infinito de posibilidades de extender sus ideas. Todo ello a pesar de que Facebook y Twitter hayan hecho algo insólito como bloquear las cuentas a un todopoderoso presidente de EEUU

Quizás la paradoja de Trump sea que esté sacando lo peor y también lo mejor de nuestros sistemas democráticos. Que haya logrado que la democracia se ponga en tensión para defenderse de este tipo de personajes que pretenden acabar con ella. Pero no podemos ni debemos bajar la guardia. Aunque la imagen del próximo día 20, precisamente en ese lugar ayer allanado, nos dé tranquilidad y confianza.

Observar a Joe Biden y Kamala Harris asumir el poder será una gran noticia, una preciosa imagen, pero la semilla que Donald Trump ha plantado y cuidado durante estos últimos cuatro años ha germinado, no lo debemos olvidar. Ver la imagen de ese personaje venido del pasado disfrazado de bisonte no nos debe dar risa, sino al contrario, ponernos alerta del peligro que se nos viene encima. A EEUU y al resto del mundo.

Trump, Qanon, Bannon, Angeli con sus decenas de millones de seguidores, los que se ven y los que no, han perdido una batalla pero no la guerra. Apenas 24 horas después lo asegura Trump en un nuevo comunicado. Admite que “su mandato acaba pero seguirá luchando para devolver a EEUU su grandeza, porque esto es sólo el principio” y ya sabemos lo que significan esas palabras.

Que la era de Trump acaba resulta evidente, pero no la del trumpismo, debemos grabar a fuego esta idea para que su contraataque, que lo habrá, no nos pille de nuevo desprevenidos. La democracia es un bien muy preciado, lo sabemos quienes aún quedamos vivos de aquella etapa en la que en nuestro país no la teníamos y debemos recordárselo constantemente a las nuevas generaciones para que jamás lo olviden.

Habrá que estar alerta, desde las instituciones, desde los medios de comunicación y especialmente las redes sociales. Vigilar cada mensaje, cada movimiento, para poder reaccionar a tiempo evitando como ocurrió el pasado miércoles que sus cómplices, que los tienen, les abran de nuevo las puertas de otros Capitolios. Veremos…

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