Donald Tusk durante el congreso del Partido Popular Europeo en Zagreb, Croacia
Donald Tusk durante el congreso del Partido Popular Europeo en Zagreb, Croacia

En bastantes ocasiones, desde luego muchas más de las que lo hacemos, resulta conveniente mirarse en espejo ajeno para no caer en el síndrome de la madrastra de Blancanieves. La actualidad política internacional nos ofrece multitud de momentos para hacerlo, basta para ello tan sólo la voluntad de salir de la rutina del espejo propio, siempre complaciente y benévolo con nuestros defectos.

Viene esto a cuento de las declaraciones de dos políticos extranjeros, uno europeo y otro norteamericano, realizadas en la semana que acaba. El primero de ellos es el polaco Donald Tusk, que hasta hace poco fuera presidente del Consejo Europeo y en la actualidad ostenta la presidencia del Partido Popular Europeo al que pertenece la formación española que lidera Pablo Casado. El segundo el norteamericano de origen latino Julián Castro, candidato en las primarias presidenciales del Partido Demócrata.

Afirmaba Tusk días pasados, que el problema de flirtear con la extrema derecha no es sólo el de encontrar intereses comunes sino el empezar a pensar como ellos. Profunda reflexión la del portavoz de la derecha europea, seria advertencia a sus correligionarios que para nadie debiera caer en saco roto, sobre todo para el Partido Popular español que, junto al mal llamado liberal Ciudadanos, han hecho del flirteo con la extrema derecha de Vox la esencia de la convivencia política, y a los pactos municipales y autonómicos me remito. No resulta extraño oír a políticos populares o de Ciudadanos referir públicamente, con mayor o menor pudor, pensamientos y expresiones habituales en los argumentarios domésticos de la extrema derecha española. Se trata de aquello que expresa, de manera magistral, la sabiduría popular recogida en el refranero español: dos que duermen en el mismo colchón corren el riesgo de volverse de la misma condición. Pues eso, lo que aconseja el señor Tusk a sus correligionarios españoles no es otra cosa que mejor dormir en camas separadas porque quien evita la ocasión evita el peligro que en estos momentos no es poco.

Un episodio reciente de nuestra vida política, la elección esta semana de la Mesa del Congreso de los Diputados, ha puesto a la derecha española ante el espejo del cordón sanitario a Vox, y en particular ha colocado a Ciudadanos, o los restos de su naufragio capitaneados por Arrimadas, ante el espejo de su soledad e irrelevancia en la política española tras el 10N. La escena de “cama política” de la foto de Colón, paradigma inigualable del flirteo con la extrema derecha, persigue al fantasma de Albert Rivera, y con él a lo que queda de su partido, allá por donde va. Casado debiera prestar oído a la premonición de Tusk porque, como ha quedado científicamente demostrado, la historia nunca avisa dos veces.

La segunda persona a la que antes me refería, el candidato latino a las primarias demócratas Julián Castro, afirmaba días pasados: “en algún momento de la historia, los demócratas nos hemos olvidado de defender a los pobres”. En la simpleza de sus palabras está la contundencia de su argumento  y la clave, compleja por si misma, de la derrota ante Trump en las pasadas elecciones presidenciales norteamericanas.

La izquierda española, la socialdemócrata representada por el PSOE y la indefinible y cambiante representada por Unidas Podemos, también debieran mirarse en ese espejo ajeno en el que lo ha hecho Julián Castro que no es ningún desconocido advenedizo, sino el último secretario de Vivienda del Gobierno de Barak Obama. La izquierda española debe mirarse al espejo de la desafección política que ha provocado una huida considerable de su electorado potencial en las pasadas elecciones. La afirmación de Castro explicaría en buena parte ese fenómeno de migración electoral  mayoritariamente hacia la abstención pero en un cierto porcentaje también hacia el populismo antidemocrático. Es hora de que la izquierda española se mire en el espejo de la historia más reciente y ponga fin a su desmemoria.

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