Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso, en una imagen reciente.
Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso, en una imagen reciente.

Según Wikipedia la palabra testaferro, en términos sociales, sirve para designar de modo peyorativo a aquellas personas que se prestan como títeres de otras siendo manipuladas para que sean ellas la cara visible y reciban las consecuencias de sus acciones  en lugar de quien realmente las genera. Y viene este concepto como anillo al dedo para definir lo que está ocurriendo en la situación política española con la pandemia del Covid-19 como epicentro y sus devastadores efectos sobre la Comunidad de Madrid.

Hemos asistido en la última semana a un espectáculo desmoralizador para el común de la ciudadanía española que ha adquirido tintes de esperpento en cuanto a la figura de la presidenta Díaz Ayuso se refiere con el masterman Casado en plena liturgia del ridículo sin el más mínimo pudor. La referencia al carácter electivo de la Monarquía o la petición del IVA superreducido para Canarias, que no tiene tal impuesto, han quedado en anécdotas de preescolar de máster en cuanto el que ejerce el poder real en el nuevo Partido Popular, el sempiterno José María Aznar, ha dado un golpe en la mesa de su rincón de pensar en FAES para ponerle las pilas de la confrontación más estéril a sus testaferros en Génova 13 y en la presidencia de la comunidad de Madrid.

Cuando parecía que la lógica del acuerdo reinaba sobre las relaciones entre la comunidad y el Gobierno de España, hasta el punto que así lo celebraba en sus redes sociales el vicepresidente naranja, el señor Aguado, Casado y Díaz Ayuso oyeron aquella noche el grito que llegaba desde la caverna de FAES. Tocaba torpedear cualquier acuerdo para luchar contra los estragos del virus en la Comunidad aunque ello significara que el testaferro de Génova se tuviera que tragar sus beligerantes palabras de días anteriores en las que atribuía al Gobierno de España la responsabilidad de la lucha contra la pandemia. Pero esto para él, acostumbrado a sorber y soplar al mismo tiempo, no era ninguna tarea titánica, ahora tocaba a rebato entre las Comunidades gobernadas por el PP para abortar en el Consejo Interterritorial de Salud las medidas de control necesarias para intentar frenar la expansión del virus.

Daría dinero por ver las caras de Feijoo y Bonilla y escuchar sus blasfemias cuando masterman les ordenó despeñarse por el precipicio de la incoherencia y la irresponsabilidad con tal de que su títere en la Presidencia de la Comunidad no se quedara sola en la estrategia suicida de la confrontación que reclamaban desde FAES, otro ejemplo más de deslealtad institucional tan enraizada en el ADN de los populares, como puso de manifiesto el propio Masterman cuando convocó a los embajadores de la Unión Europea para advertirles del mal uso de los fondos del Covid-19, sin advertir que su Gobierno en Andalucía acababa de desviar once millones de esos fondos para seguir manteniendo el comisariado mediático en el que han Convertido a Canal Sur.

Hay quienes en este intento de traición con los embajadores han querido ver un guiño inconsciente a aquel Aznar que llamó pedigüeño a Felipe González en la famosa Cumbre de Edimburgo. Sinceramente entiendo que es más de lo mismo sólo que ahora el aznarismo se ejerce a través de personas interpuestas, comúnmente testaferros como los anteriormente señalados que deben pensar que mientras peor para la gente mejor para ellos.

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