Pedro Sánchez, en una visita a una empresa española pionera en medicina.
Pedro Sánchez, en una visita a una empresa española pionera en medicina.

En relación con el presidente Pedro Sánchez, a la hora de valorar su gestión, conviene no olvidar la frase bíblica de “al Cesar lo que del Cesar y a Dios lo que es de Dios”. Viene esto a cuento por las valoraciones que la extrema derecha y la derecha extrema difunden a través de sus redes sociales y medios amigos. Ningún presidente en la historia democrática más reciente ha tenido que enfrentarse a una sucesión encadenada de situaciones extremas cómo le ha ocurrido a Sánchez.

Pero vayamos por parte, la primera y sin duda la más importante ha sido la propagación del virus Covid que en estos momentos surfea la sexta ola de la enfermedad. La pandemia, impensable hace sólo dos años, ha producido daños irreparables a nivel mundial y España no iba a ser menos. La pérdida de vidas humanas ha sido la principal y más trágica consecuencia de la enfermedad, pero puestos en el papel del presidente y su Gobierno también la crisis económica y social que ha traído consigo la pandemia ha supuesto un grave problema para la convivencia ciudadana. Mientras el Gobierno emprendía una lucha a la desesperada contra el virus, la oposición de PP y Vox intentaban pescar en el río revuelto de la desesperanza y la incertidumbre de la población, con un desprecio mayúsculo al interés general de la ciudadanía.

En ese contexto ha emergido la figura de Díaz Ayuso, una community manager canina, que siguiendo al rajatabla la estrategia marcada por su jefe de gabinete, MAR, y con el mayor desprecio al derecho a la salud de los madrileños y madrileñas, ha terminado convirtiéndose en un problema para la consolidación del propio Casado y la estabilidad de los presuntos moderados Feijoo y Moreno. Y mientras tanto Sánchez, entre complacido y displicente, sigue susurrando al virus en plena sexta ola que puede acabar provocando la pretendida inmunidad de rebaño si os atenemos a la velocidad e intensidad con la que se contagia esta variante ómicron.

El segundo problema en importancia ha sido la erupción del volcán de La Palma, tan inesperada como la llegada del virus, que ha provocado graves daños en la Isla con consecuencias irreversibles para sus habitantes. La tragedia de La Palma se convirtió en el escenario donde algunos líderes políticos de la oposición llegaban para hacerse la foto de rigor que en el caso de Casado supuso un paso más en su particular escalada contra la realidad con su anuncio de rebajar el IVA, un impuesto no vigente en la Comunidad. Guste o no guste, Sánchez estuvo desde el minuto uno a los mandos de la nave gubernamental y sigue a día de hoy, una vez acabada la erupción, trabajando con la Comunidad para paliar el desastre y la crisis económica y social que el volcán ha provocado.

Y otro problema al que ha tenido que hacer frente Sánchez ha sido la actitud públicamente beligerante de su anterior socio de gobierno Pablo Iglesias que nunca supo reconocer el carácter jerárquico de cualquier estructura gobernante. Las salidas, primero de Iglesias y más tarde de Iván Redondo, el aprendiz de brujo con ambiciones de chamán, y la llegada a la vicepresidencia de Yolanda Díaz y a Moncloa de Óscar López y Antonio Hernando, dos clásicos de la ortodoxia socialdemócrata, han devuelto la tranquilidad a las aguas del Gobierno, alejándolo de los rifirrafes propios de tertulias de Iglesias y de las extravagancias radicales de Redondo. Todo ello ha sentado las bases de una estabilidad necesaria, sólo alterada por ambiciones personales de un Casado emparedado entre la desfachatez e inconsciencia de Díaz Ayuso y los rugidos de la caverna ultramontana de Vox.

Ya era hora de que un presidente tuviera la valentía de poner en valor el abandono de las armas del independentismo vasco o la renuncia a las declaraciones unilaterales de independencia, ya era hora de que la España vaciada tuviera el reconocimiento solidario del Gobierno y que la cogobernanza de los problemas con las comunidades se convirtiera en el pan nuestro de cada día. Como antes decía, habrá gente a las que Sánchez guste más o menos, más capaces o menos de aceptar su modo de gobernar, pero lo que sí está claro es que ha decidido gobernar la España real sin la mirada puesta permanentemente en esa flor de un día que son las encuestas y seguir susurrando a los problemas...

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