Isabel Díaz Ayuso, en la Asamblea de Madrid.
Isabel Díaz Ayuso, en la Asamblea de Madrid.

Cuando a los inicios de la década de los ochenta Sabina estrenaba su Malas compañías, donde se incluía la conocida Pongamos que hablo de Madrid, poco o nada podía imaginar que algunos de sus versos terminarían siendo una terrible profecía. Cantaba Sabina en esta canción: los pájaros visitan al psiquiatra, las estrellas se olvidan de salir, la muerte pasa en ambulancias blancas, pongamos que hablo de Madrid. En días como hoy, más que nunca, la crónica de esas muertes anunciadas nos inquieta, nos angustia e incluso llega a aterrorizarnos por momentos.

Es verdad que la enfermedad es terrible, que el intento de conocerla es hasta ahora un viaje a lo desconocido donde no termina de verse la luz al final del túnel, pero también es verdad que el factor humano, en este caso de los políticos al frente del Gobierno de la Comunidad con Ayuso a la cabeza, está aportando un valor añadido a esa angustia que se percibe entre una ciudadanía madrileña desconcertada por los últimos acontecimientos protagonizados por la Presidenta y sus responsables en materia de salud pública.

A la hora que esto escribo la rueda de prensa de la señora Ayuso ha sufrido ya dos retrasos injustificados a lo largo de la mañana y se espera se produzca esta tarde. La causa alegada para ello no es otra que la complejidad legal de las medidas a adoptar lo que no hace sino añadir más dudas sobre la solvencia intelectual de la Presidenta y su equipo porque no estamos ante algo que ocurriera ayer sino ante una tragedia que empezamos a sufrir hace seis más de seis meses y que ha azotado de manera especialmente cruel a esa Comunidad.

Cabría preguntarse ante tanta improvisación y dejadez dónde están ahora los cayetanos, esa suerte de adalides ruidosos de la libertad que pululaban hace unos meses por Núñez de Balboa en pleno corazón del Barrio de Salamanca mientras recibían el apoyo de la señora Ayuso desde la propia sede parlamentaria de la Comunidad. Y es que según la Presidenta lo de la propagación del virus tiene mucho que ver con aquellas Maneras de vivir que cantaran los legendarios Leño. Quiero pensar que ante la que se avecina habrán iniciado hace ya tiempo la diáspora hacia sus casas de vacaciones y sus cotos de caza donde ponerse a salvo del virus.

Y lo peor de todo es que Ayuso está sentando cátedra entre algunos barones autonómicos del Partido Popular, en especial el Presidente andaluz, Juanma Moreno, que permanece impasible ante el avance de la enfermedad en nuestra tierra donde hoy mismo se han comunicado más de mis seiscientos contagios en las últimas veinticuatro horas así como seis nuevas muertes. Mientras tanto el Presidente andaluz, acompañado por el consejero que fue incapaz de controlar una partida de carne mechá contaminada, sigue visitando pequeñas reformas en hospitales mientras la Atención Primaria colapsa y una cita en tu Centro de salud se ha convertido en la última versión de Esperando a Godot. Y para colmo el Virus del Nilo que se ha cobrado ya tres víctimas mortales en nuestra provincia al tiempo que incrementa de manera notable la angustia ciudadana.

Volviendo a Sabina y tal como están las cosas yo me pensaba aquella estrofa final: Cuando la muerte venga a visitarme, que me lleven al Sur donde nací, aquí no queda sitio para nadie, pongamos que hablo de Madrid.

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