Félix Bolaños, Iván Redondo, Pedro Sánchez y Miguel Ángel Oliver, en 2018.
Félix Bolaños, Iván Redondo, Pedro Sánchez y Miguel Ángel Oliver, en 2018.

Parece que Iván, al que sus detractores en el PSOE llamaban el terrible, no lo era tanto o al menos eso se puede deducir de su salida de Moncloa en la remodelación de la parte socialista del Gobierno que ha llevado a cabo Sánchez en el momento más oportuno, cuando las encuestas se volvían hostiles y los fondos europeos para la recuperación estaban tan solo a horas de ser aprobados. La despedida, con tarjetón manuscrito incluido, del hasta ahora Director del Gabinete del Presidente, no ha provocado ningún trauma en las filas socialistas sino todo lo contrario, un alivio generalizado por cuanto ese juego en el filo de la navaja que tanto le gustaba a Redondo era percibido como ejercicio permanente de oportunismo con tintes casi suicidas en el medio y largo plazo.

Pero con ser importante el cese de Iván Redondo más lo ha sido el retorno a la primera línea de la política de quien ocupa ya su vacante, Óscar López Águeda, un clásico del Partido curtido en mil batallas y paradigma de la sensatez política, algo que se echaba en falta en su predecesor más acostumbrado a la ruleta de las oportunidades hasta que ganó la banca en las recientes elecciones de la Comunidad de Madrid. Sánchez recupera a un viejo amigo pero sobre todo a un pata negra del socialismo capaz de encauzar los ríos revueltos en los que le gustaba pescar a Redondo. Y junto a López vuelven otras referencias que estuvieron fuera del sanchismo más empedernido como Pilar Alegría e Isabel Rodríguez, a quienes conozco bien por haber compartido con ellas en el Congreso aquella legislatura del tsunami azul popular que tanto daño hizo a los sectores más débiles de la sociedad española.

Se podría decir que la remodelación de Sánchez, que algunos consideran una auténtica revolución, es el mensaje más polisémico que ha lanzado el actual Presidente desde que llegó a Moncloa. Sánchez, para quien el instinto de supervivencia es algo más que un rasgo característico de su personalidad, ha impulsado el más difícil todavía en la lucha por que la mujeres alcancen el papel que les corresponde en las altas instancias del poder hasta el punto de desequilibrar la correlación de género en su nuevo Gobierno a favor de ellas y sería un error considerar esto como un simple gesto hacia la galería cuando cada vez más mujeres ostentan la presidencia de países europeos.

Por otro lado rejuvenece un gobierno que tiene que afrontar la modernización definitiva de nuestro país de la mano de la llegada de los fondos europeos que pretenden remediar los males económicos y sociales que el COVID ha provocado en todo el mundo, probablemente la tarea más difícil a la que se tienen que enfrentar Sánchez y su Gobierno. Y junto a todo esto, que no es poco, lanza un mensaje interno al Partido Socialista con una especie de “aquí cabemos todos o no cabe ni Dios”, algo extremadamente necesario en un momento en que el socialismo español se dispone a afrontar la renovación de todas sus estructuras territoriales.

Y frente a esto el principal partido de la oposición, el Partido Popular, empeñado en una remasterización de aquel eslogan de Aznar del “váyase señor González” hace aguas por boca de su máximo responsable, Pablo Casado el recordman mundial de la ocurrencia fallida, quien no tiene otro argumento para criticar la remodelación que el hecho de que los ministros  y ministras de Sánchez hayan sido nombrados a dedo. En cualquier partido serio este hombre habría atravesado ya la puerta giratoria hace el Club de la Comedia. Sólo le hacen sombra en esta tarea los líderes de las otras derechas, Arrimadas convertida de un débil hilito de voz cada vez menos perceptible, y Abascal y sus secuaces matonistas empeñados en criminalizar permanentemente la acción de gobierno en su carrera alocada por convertirse en el hermano malo de Casado.

Si algo queda claro después de la remodelación es que Sánchez no se va a ir por mucho que lo pida el coro de los grillos que cantan a la luna y que las derechas lo único que han entendido es que el PSOE ha vuelto y eso no es bueno para sus intereses electorales.

 

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