Irene García, acompañando a Susana Díaz en su visita a la Sierra de Cádiz.
Irene García, acompañando a Susana Díaz en su visita a la Sierra de Cádiz.

Muy a su pesar el foco mediático se ha centrado esta semana en la secretaria general del PSOE gaditano y más concretamente en su posible apoyo a Susana Díaz o Juan Espadas en el próximo congreso regional del partido. Y no ha sido gratuito el interés periodístico sino más bien motivado por la propia Irene y sus continuos y enigmáticos vaivenes cada vez que ha sido preguntada por el tema en cuestión.

Hasta tal punto ella misma ha alimentado ese morbo mediático, con tintes políticos suicidas, que sus procesos mentales de indecisión y duda van a terminar convirtiendo a Hamlet en el campeón de la certeza y la seguridad en sí mismo y en sus decisiones. Pareciera que la tragedia de Shakespeare se hubiera convertido en el libro de cabecera de la política sanluqueña y que sus colaboradores hubieran hecho de dicha obra la fuente original de los argumentarios con los que cada día nos sorprende la también presidenta de la Diputación gaditana.

El punto más álgido de su retorica escapista y cínica se producía el pasado jueves en una visita que hacía a la Sierra de Cádiz para acompañar a Susana Díaz en una jornada más de lo que un amigo ha llamado con gran acierto su Rural Tour 2021, donde afirmaba con presunción interrogativa: "¿Alguien tiene duda de donde está Irene García?", a lo que todos los presentes, incluida ella misma, habían podido contestar con una rotunda afirmación, porque no hay secreto mejor guardado, por inexistente, que el saber dónde está posicionada Irene García.

Considerar la cuestión de su futuro apoyo a uno u otro candidato no es un debate estéril como ella misma ha querido hacernos creer, porque la ambigüedad calculada que se ha hecho crónica en su comportamiento político desde hace ya casi una década puede ser un elemento más en su estrategia personal de salvación ante lo que se avecina pero no puede convertirse, sin riesgo suicida, en el único elemento de esa estrategia. Esa práctica continuada te hace perder la credibilidad ante tus compañeros y compañeras del partido, y lo que es más grave ante el conjunto de la ciudadanía que empieza a percibirte únicamente interesada en tu propia salvación.

El liderazgo político es enemigo de la duda y de la indecisión y por ello de su principal derivada que no es otra que esa ambigüedad calculada. Liderar una organización política requiere de un compromiso con la sinceridad, con uno mismo y sobre todo con los demás, precisa de la voluntad de ir de frente y sin atajos sinuosos, donde tu verdadero rastro pueda ocultarse, necesita del compromiso declarado y público con aquello que crees puede ser lo mejor para tu organización y la sociedad a la que nos debemos. Por todo ello el intento permanente de evasión suele comportar la mayoría de las veces el castigo.

Capítulo aparte merecería la aparición estelar del menor de los hermanos Román en una nueva edición del abrazo del oso ideado por su mentor familiar y que provocó el estallido airado de los defensores del susanato desde el sevillano muelle de la Delicias hasta la desembocadura en Sanlúcar de Barrameda. Pero esto forma parte de otra historia que pronto tendremos la ocasión de comentar.

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