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Tal día como hoy, un 24 de septiembre de 1493, un afanado Cristóbal Colón decidió emprender su segundo periplo hacia las Américas. Todo un continente a explorar y saquear en pos del saneamiento de una corona maltrecha. América se conjugó y enjugó sus lágrimas con el tabaco fresco y el sueño de la reconquista. A día de hoy poco nos diferencia del indígena explotado, de nariz pronunciada y acento pausado. Somos carne de la misma carne, cruzada, mestiza, polivalente; Machacamos el grano de café para tomarlo a las mismas horas e incluso maldecimos con la sofisticación que del oro se desprende. ¡Relucimos y brillamos a nivel del trópico, consumidos esa gracia que nos viene del mar, las especias y el astro rey!

Aquella Babel de colonias y virreinatos en que quedó convertida a día de hoy proclama con tratados de Nueva América su intención de seguir creciendo. La lengua de Cervantes como vehículo hacia la globalización. La marca ‘España ‘  más en boca que nunca, mientras casi ni puede diferenciarse a quienes van y vienen. La telaraña del mestizaje criollo ha dado frutos. Y aunque algunos digan que “No importa”, que “lo olvidemos” o que “lo dejemos pasar”, en paralelo al título del aclamado disco del grupo Nirvana un día similar esta vez de 1991; Lo cierto es que estamos ante una descolonización de cerebros, una en esperanto latino.

Es otoño. Caen los mitos griegos, las fantasías utópicas y los amores pausados y forzados del verano. Ya nadie quiere demasiada guerra, no más de la que pueda controlar a ras de sillón, ventana y taza de café caliente. Quizás es la ilusión creada con las novelas de caballería lo que me hace imaginar el cómo huelen las selvas de la península del Yucatán, cuanta similitud nos acerca o en su ausencia nos aleja en la lucha ritual entre la dicha del pecado consagrado del pueblo castellano y la sangre caliente de lengua quechua.

Y ver qué se forma entre ese amasijo de personas y hojas caducas, repartidas por el suelo, como hormigas, que no son más que las esperanzas y sueños de almas cosidas a la prisa, siempre a rebufo y a ‘despecho del inglés’, citando a Espronceda, empapandonos en la niebla y el acento anglosajón de la vieja o la América estadounitaria y el carácter alemán. Dos pueblos divididos en dos continentes, abandonados y crecientes, amantados por una loba, como Rómulo y Remo. Babel, caótica loba inca-paz de dar más que leche agria y cerebros fértiles en lo que a levantar imperios se refiere. ¡Arde, Babel, arde! ¡De sus cenizas resurgiremos como el fénix!

 

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