El presidente Pedro Sánchez.
El presidente Pedro Sánchez.

Según nos cuenta el gobierno, tras la reunión de Pedro Sánchez con Yolanda Díaz y Nadia Calviño todo está solucionado, acordado y parece que atado y bien atado, lo que indica que o bien se nos miente, o efectivamente como decían algunos era “una tormenta en un vaso de agua”.

La clave del acuerdo debe estar en el comunicado emitido, aunque a los que somos de ciencias y poco dados a los jeroglíficos, nos escama un poco la diferencia que se observa al leerlo atentamente, en un tiempo en el que todo está hecho para justo lo contrario.

Ahí se señala el compromiso del gobierno para la “derogación” de la reforma laboral de Rajoy, pero y en eso está la trampa, siempre y cuando sea con el acuerdo de sindicatos, patronal y la UE.

Ese compromiso debe resultar evidente, si no fuera porque hace apenas unas semanas se decía que si la CEOE seguía enrocada, dicha reforma podría salir por acuerdo, que por cierto ya existía, entre gobierno y sindicatos.

¿Intento de hacer trampas al solitario o diferente interpretación semántica?

Para resolver dudas recurro al diccionario de la RAE y leo textualmente que la manoseada palabra “derogación” significa “dejar sin efecto una norma vigente”, que en buena lógica para evitar un vacío debe ser sustituida en el mismo instante por otra.

O sea que la norma indica que para “derogar” se debe dejar sin efecto lo que ya existe desde hace años; la reforma que Rajoy impuso a sangre y fuego, especialmente a los sindicatos y trabajadores, alejado como suele hacer la derecha de pacto alguno.

Por cierto se debería recordar a esa misma derecha que ahora clama por el consenso, con los empresarios evidentemente, lo que hicieron ellos en el pasado.

¿Qué va a ocurrir a partir de ahora?

Pues nuevamente esa lógica nos dice que los empresarios volverán a su enroque, los sectores más conservadores de la UE les apoyarán en su empeño y PP más VOX, que como los Reyes Católicos “monta tanto, tanto monta”, seguirán poniendo palos en la rueda del carro para que no ande.

¿Qué hará entonces Pedro Sánchez? ¿Se decantará por las tesis de Díaz y los sindicatos, o apoyará a su sector liberal liderado por Calviño?

Acostumbrado a verle actuar en los últimos tiempos, lo que ha provocado una profunda decepción y alejamiento de sus posiciones, probablemente intentará sacar nuevos conejos de la chistera, pero me temo que ya la cosa en un tema tan serio no está para trucos de magia.

Porque las cartas están ya sobre la mesa y por encima de debates dialécticos sobre lo que es o no una “derogación”, existen líneas rojas que no debería atravesar a riesgo de confrontarse con los sindicatos y con una parte importante de su base social, incluso sectores socialistas, que circulan en estos instantes en el linde con Yolanda Díaz.

Por ejemplo todo lo referente a ir eliminando drásticamente la precariedad laboral, o que los convenios de sector prevalezcan sobre los de empresa, siendo estos exclusivamente para mejorarlos.

Difícil situación para un Sánchez acostumbrado a estar en equilibrio inestable en los últimos tiempos, sin que hasta ahora haya sufrida ninguna caída, pero que no debe estar constantemente tentando al diablo.

Ahora tiene una competidora de peso (la peor que le podía tocar), la ministra más valorada de su gobierno, que no es el populista Pablo Iglesias. Una política con mano de hierro, se nota que viene de la militancia en el PCE, pero que las cubre con sutileza con guantes de seda, con sonrisas dulces y caricias cautivadoras, que atrae incluso al sector más centrado de la derecha.

¿Podría ser la primera Presidenta de nuestro país? De momento parece difícil partiendo del suelo electoral en el que está situada, pero si Sánchez comete errores y en este tema lo podría hacer, la situación podría cambiar.

¿Derogación o leves retoques al gusto de patronal y UE? ¿Consenso o imposición? ¿Mirando a su izquierda o a su derecha?

Vamos a vivir a partir de estos instantes situaciones complejas pero apasionantes, en los que esperemos que todos estén a la altura de lo que el país, todo el país, necesita.

En una orilla la batalla Sánchez-Díaz y en la otra Casado-Ayuso van a condicionar la política de los próximos años. Curiosamente en ambas orillas un hombre y una mujer.

Teniendo en cuenta que todo indica que el futuro inmediato pertenece a la mujer, los resultados parecen cantados.

Veremos...

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Lo más leído